El Sporting Benimaclet CF convirtió su campo, el Camp de Les Fonts, en un punto de recepción y acogida para animales afectados por la DANA. Europa Press difundió la iniciativa el 31 de octubre de 2024, dos días después de que la riada arrasara buena parte de la comarca sur de València.
No era un refugio. Era un campo de fútbol de barrio con vestuarios, agua corriente, un espacio vallado y gente dispuesta a estar allí. En una emergencia, a veces eso es exactamente lo que hace falta.
Por qué un campo de fútbol
Cuando una catástrofe desborda los servicios públicos, la respuesta inicial no la dan las infraestructuras diseñadas para ello, sino las que están disponibles. Los centros de acogida municipales y las protectoras de la zona afectada quedaron, en muchos casos, tan incomunicados o dañados como el resto del territorio.
Un campo de fútbol reúne condiciones que, sobre el papel, nadie asocia con el bienestar animal y que, en la práctica, sirven: acceso rodado, superficie amplia, cerramiento perimetral, punto de agua y una red de socios y vecinos que ya sabe llegar hasta allí. El club puso el espacio; el resto lo puso el vecindario.
Los animales, en el punto ciego de la emergencia
La DANA del 29 de octubre de 2024 dejó una de las peores catástrofes de la historia reciente de la Comunitat Valenciana. En esas primeras horas, la prioridad absoluta —lógicamente— fue humana: rescates, desaparecidos, comunicaciones cortadas.
Los animales de compañía quedan, en ese escenario, en una zona intermedia difícil de gestionar. Muchos se quedaron solos en viviendas evacuadas o en bajos anegados. Otros salieron con sus familias, que después no tenían dónde alojarlos: los alojamientos de emergencia para personas rara vez admiten animales. Iniciativas como la del Camp de Les Fonts cubrieron ese hueco antes de que existiera un dispositivo oficial para hacerlo.
Lo que este caso deja para después
La lección no es sentimental, es organizativa. Cada emergencia de gran escala vuelve a plantear la misma pregunta: dónde van los animales cuando hay que evacuar. Que la respuesta la improvise un club de fútbol de barrio dice mucho de la capacidad de reacción del tejido vecinal, y también de lo poco previsto que estaba el problema.
Los planes de emergencia autonómicos y municipales han ido incorporando desde entonces la variable animal con distinto grado de concreción. El Camp de Les Fonts es el ejemplo de lo que pasa cuando esa previsión aún no existe: alguien abre una puerta.
Lo que no sabemos
La información disponible acredita el hecho —el club habilitó el campo como punto de recepción y acogida— pero no detalla cuántos animales pasaron por allí, de qué especies, durante cuánto tiempo se mantuvo el dispositivo ni cómo se resolvió después la reunificación con sus familias o el traslado a protectoras.
Tampoco consta si el espacio se coordinó con los servicios veterinarios oficiales o funcionó de manera autónoma. Son datos que este medio no puede afirmar sin una fuente que los sostenga, y no los da por supuestos.
Fuentes: Europa Press, información publicada el 31 de octubre de 2024 sobre la habilitación del Camp de Les Fonts por el Sporting Benimaclet CF como espacio de recepción y acogida de animales.






