Nueve días después de la DANA que anegó buena parte del área metropolitana de València, seguían apareciendo animales perdidos. Lo documentó RTVE el 7 de noviembre de 2024: perros y gatos que iban saliendo del barro y de las calles arrasadas mucho después de la riada, y cientos de animales que para entonces ya habían encontrado un hogar o, al menos, una solución temporal mientras se buscaba a sus familias.
Es un dato que se lee en un segundo y que cuesta sostener. Nueve días es mucho tiempo para un animal solo en una zona devastada. Y sin embargo, seguían apareciendo.
Por qué siguen apareciendo tantos días después
Una riada no dispersa a los animales de forma ordenada. Algunos salen corriendo antes de que llegue el agua y acaban a kilómetros de casa; otros quedan atrapados en garajes, patios o pisos bajos y solo salen cuando alguien abre una puerta días más tarde. En una emergencia de esa escala, las labores de rescate se concentran primero en las personas, y el rastreo casa por casa tarda en llegar a todas partes.
A eso se suma que muchas de las familias afectadas tampoco estaban en condiciones de buscar: gente realojada, sin coche, sin teléfono, a veces sin casa a la que volver. Un animal puede estar localizado y aun así tardar días en volver con los suyos simplemente porque nadie sabe dónde están los suyos.
Un hogar temporal no es una adopción
La distinción que aparece en el reportaje de RTVE es importante y se pierde con facilidad: encontrar hogar o solución temporal no es lo mismo que ser adoptado. En una catástrofe, la acogida temporal cumple una función concreta —sacar al animal de la calle, darle comida, atención veterinaria y un sitio seguro— sin cerrar la puerta al reencuentro. El objetivo declarado seguía siendo devolverlos a sus familias.
Esa diferencia condiciona todo lo que viene después. Un animal dado en adopción demasiado rápido puede convertir una separación temporal en una definitiva; un animal en acogida sigue estando disponible para su familia si aparece.
El microchip, la pieza que decide
En España la identificación de los perros mediante microchip es obligatoria, y los registros autonómicos permiten cruzar un animal aparecido con un titular. En un escenario como el de la DANA, ese chip es a menudo lo único que sobrevive al desastre: no depende de un collar que se pierde, ni de una placa que se borra, ni de que el animal esté en condiciones de dejarse reconocer.
Su límite también es conocido: solo funciona si los datos del registro están actualizados. Un teléfono antiguo o un domicilio que ya no existe —y en esa comarca muchos domicilios dejaron de existir— rompen la cadena justo en el último paso.
Lo que no sabemos
El registro del que parte esta pieza recoge lo que RTVE documentó, y no más: que seguían apareciendo animales perdidos y que cientos ya tenían hogar o solución temporal. No hay una cifra total de animales afectados, ni un recuento de cuántos reencuentros llegaron a producirse, ni un desglose por especie o municipio. Tampoco consta cuántos de esos hogares temporales terminaron siendo definitivos.
Conviene decirlo con claridad porque en episodios así circulan muchos números sin fuente. Lo verificado aquí es el hecho, no la estadística.
Fuentes: RTVE, reportaje del Telediario sobre animales que buscan dueño tras la DANA, emitido el 7 de noviembre de 2024. Disponible en RTVE Play.






