La agencia EFE acompañó el 14 de mayo de 2025 una sesión de entrenamiento de perros de búsqueda y rescate en Rivas-Vaciamadrid (Madrid), una disciplina cuya demanda creció tras la DANA de 2024.
El detonante es fácil de entender: cuando una catástrofe deja zonas inaccesibles, barro y estructuras inestables, el recurso que localiza a una persona sepultada no es una máquina, sino un animal entrenado durante años.
Un adiestramiento que se mide en años, no en cursos
Lo que muestra el reportaje de EFE es el trabajo previo. Un perro de búsqueda no se improvisa después de una emergencia: la formación es larga, continua y compartida con un guía concreto, porque el equipo real no es el perro, sino el binomio que forma con la persona que lo maneja.
Esa es la razón por la que un pico de interés tras una catástrofe no se traduce en más perros operativos a corto plazo. La curva de demanda sube de golpe; la de disponibilidad, no.
Por qué la DANA cambió la conversación
Hasta 2024, para buena parte del público español los perros de rescate eran, sobre todo, imágenes de terremotos lejanos. La DANA situó el escenario en casa: municipios enteros afectados, garajes y bajos anegados, búsquedas prolongadas.
El efecto que recoge EFE es el aumento del interés por esta disciplina y una puesta en valor de su trabajo. Merece la pena subrayar el matiz: interés no es lo mismo que capacidad instalada. Que más gente quiera formar a su perro para búsqueda no significa que haya más unidades acreditadas, ni que estén repartidas donde hacen falta.
Lo que este reportaje no permite afirmar
Aquí conviene ser estricto con lo que está verificado. La información disponible confirma que EFE siguió un entrenamiento de perros de búsqueda y que la demanda de esta especialidad creció tras la DANA. No aporta cifras: no consta cuántos perros operativos hay en España, ni cuántos participaron en la DANA, ni cuántas unidades caninas se han creado desde entonces, ni qué porcentaje de los aspirantes llega a superar la acreditación.
Tampoco constan en el registro los nombres de los guías, la raza de los animales ni el detalle de los ejercicios concretos de la sesión. No los inventamos: quien quiera esa parte, la tiene en la pieza original de EFE.
Y hay un dato que casi nunca aparece en este tipo de reportajes y que sería el más revelador: cuántas de esas unidades siguen activas cinco años después. La formación es cara en tiempo, y el desgaste —humano y animal— es real.
Lo que sostiene el trabajo
Un perro de búsqueda no entiende que está en una catástrofe. Trabaja porque el ejercicio le resulta gratificante y porque confía en su guía. Toda la eficacia del sistema descansa en ese vínculo: la capacidad de un animal para mantener la concentración en un entorno ruidoso, inestable y desconocido depende de que la persona que va detrás sepa leerlo y pararlo a tiempo.
Por eso el entrenamiento que EFE fue a ver importa más que cualquier imagen del día de la emergencia. La emergencia es el examen. El resto del tiempo es la clase.
Fuentes: EFE, reportaje publicado el 14 de mayo de 2025 sobre el entrenamiento de perros de rescate y el aumento del interés por esta disciplina tras la DANA de 2024.






