La Ertzaintza recuperó 17 ajolotes (Ambystoma mexicanum) e investiga a dos personas por presuntos delitos de tráfico de especies protegidas y maltrato animal. La actuación arrancó al localizar dos ejemplares enviados dentro de botellas de agua a través de una empresa de paquetería; a partir de ahí se hallaron otros 15 en un domicilio de Bilbao. Las dos personas investigadas no están condenadas: el procedimiento está abierto y los hechos son, a día de hoy, presuntos.
Un envío por mensajería
El elemento que desencadena el caso es el transporte. Enviar anfibios vivos por paquetería comercial los somete a condiciones que su fisiología no tolera bien: los ajolotes son anfibios plenamente acuáticos, respiran a través de branquias externas y de la piel, y dependen de agua con temperatura estable y oxígeno suficiente. Un recipiente cerrado dentro de un paquete no ofrece control alguno sobre esas variables durante las horas que dura el trayecto. La presunta infracción de bienestar animal que la investigación aprecia se apoya precisamente en esas condiciones de envío, y no requiere describir nada más para entenderse.
Ese detalle explica también por qué el caso salió a la luz. El comercio de exóticos por internet traslada al circuito de paquetería un problema que antes se veía en fronteras y tiendas, con la particularidad de que el intermediario logístico no está preparado para detectar animales vivos ni obligado a hacerlo.
Una especie con una paradoja detrás
El ajolote es un caso raro dentro del comercio de exóticos. La Ertzaintza lo describe como una especie en peligro crítico de extinción, y esa etiqueta convive con una realidad aparentemente contradictoria: es un animal frecuente en acuariofilia y en laboratorios de todo el mundo. Las dos cosas son ciertas a la vez. La población silvestre, restringida al sistema de canales de Xochimilco, en Ciudad de México, está reducida a mínimos por la pérdida y degradación de su hábitat, mientras que la población en cautividad es enorme y se reproduce sin dificultad.
Esa abundancia en cautividad genera una impresión de banalidad que el marco legal no comparte. El ajolote figura en el Apéndice II de CITES, lo que significa que su comercio internacional está regulado y requiere permisos: no basta con que un ejemplar sea fácil de criar para que su circulación sea libre. La documentación de origen es exactamente lo que separa una tenencia legal de un presunto delito.
Investigación abierta, no resolución
Conviene subrayar el punto: hay dos personas investigadas por presuntos delitos, no condenadas ni juzgadas. La calificación de los hechos como tráfico de especies protegidas y maltrato animal es la que sostiene la investigación policial en este momento, y corresponderá a la autoridad judicial determinar si se confirma, se modifica o se archiva. Radar Animal actualizará esta información si se produce una resolución judicial o administrativa posterior.
Lo que no consta
La información disponible no precisa el estado de salud de los 17 ejemplares recuperados ni su destino, una cuestión relevante porque un anfibio incautado necesita alojamiento acuático inmediato y no puede liberarse en el medio. Tampoco se detalla la relación entre Bilbao y Oviedo dentro del recorrido del envío, ni el origen de los animales, ni si la investigación se dirige a una actividad comercial continuada o a un hecho puntual. Queda igualmente pendiente saber si el caso deriva también en expediente administrativo, una vía distinta de la penal que puede tramitarse en paralelo.
Fuentes: Ertzaintza, nota informativa (referencia 26_0643) sobre la localización de 17 ajolotes y la investigación de dos personas, publicada el 3 de septiembre de 2026.






