Las belugas Cleopatra y Jelly Bean y los delfines mulares Tsunami, Lida, Echo y Marina llegaron a València el 27 de agosto de 2026 tras un vuelo directo de siete horas desde Ontario (Canadá). Los seis cetáceos forman parte del operativo internacional de reubicación de los animales de Marineland Ontario, el parque cerrado cuyos ejemplares se enfrentaban al riesgo de ser sacrificados.
Contado así, parece una historia de final feliz. Contado entero, es un traslado logístico de altísima complejidad que resuelve una urgencia y deja abierta la discusión de fondo.
Siete horas en el aire
Trasladar una beluga (Delphinapterus leucas) no se parece a trasladar ningún otro animal de un zoológico. Son cetáceos de varios cientos de kilos que fuera del agua soportan su propio peso sobre estructuras que no están diseñadas para ello, que necesitan hidratación constante de la piel, control de temperatura y vigilancia respiratoria minuto a minuto. Un vuelo directo, sin escalas, es precisamente lo que reduce el riesgo: cada carga y descarga adicional multiplica el estrés y las probabilidades de complicación.
Los delfines mulares (Tursiops truncatus) que viajaron con ellas comparten buena parte de esas exigencias. Que los seis llegasen a València en una única operación indica un dispositivo veterinario y logístico preparado durante meses, no una improvisación de última hora.
Por qué salieron de Ontario
El origen del traslado no es un plan de conservación, sino el cierre de un parque. Marineland Ontario quedó con animales a cargo y sin viabilidad para mantenerlos, una situación que en el caso de los cetáceos deriva rápidamente en un escenario extremo: sin instalación receptora, la eutanasia entra en la mesa como opción real. Ese es el marco en el que el Oceanogràfic aparece como destino.
Es importante no invertir el orden de los hechos. Estos seis animales no viajan a València porque haya un programa que lo requiera, sino porque un negocio cerró y alguien tenía que hacerse cargo de los animales que quedaron dentro.
El debate que el traslado no cierra
La llegada reabre en España una discusión que lleva años sin resolverse: si el destino adecuado para cetáceos nacidos o mantenidos en cautividad es otro acuario o un santuario marino, un recinto acotado en el mar abierto donde los animales viven sin espectáculos ni reproducción. Quienes defienden la primera opción argumentan control veterinario y ausencia de riesgo sanitario; quienes defienden la segunda, espacio, profundidad y estímulos que ninguna instalación cerrada reproduce.
No es una discusión abstracta para estos seis animales: define qué se considerará, dentro de unos años, un buen resultado de esta operación.
Lo que queda por confirmar
Está pendiente el seguimiento clínico y social de los seis cetáceos, que es donde se verá si la adaptación funciona: integración con los animales ya residentes, alimentación, comportamiento y ausencia de patologías asociadas al traslado. Tampoco se conoce el detalle del acuerdo entre las partes ni el destino del resto de animales de Marineland.
Existe además un elemento que conviene tratar con precisión: otras belugas del mismo parque trasladadas a otros centros han sido objeto de necropsias. Ese dato forma parte del contexto internacional del caso, pero de él no puede inferirse ninguna relación causal con el traslado a València ni con el estado de Cleopatra y Jelly Bean.
Radar Animal seguirá este caso y actualizará la información con los datos oficiales de adaptación que se publiquen.
Fuentes: À Punt, información sobre la llegada de las belugas y los cuatro delfines al Oceanogràfic, publicada el 27 de agosto de 2026. https://www.apuntmedia.es/noticies/societat/belugues-quatre-dofins-rescatats-d-un-aquari-tancat-canada-estrenen-casa-l-oceanografic-valencia_1_1891124.html Información complementaria: Cadena SER y El País, 27 de agosto de 2026.






