Echo, una de las cuatro delfinas trasladadas a finales de agosto desde Marineland, en Canadá, al Oceanogràfic de València, murió durante la noche del 23 de septiembre después de un rápido deterioro de su estado de salud. El centro valenciano había mantenido desde su llegada un seguimiento individualizado debido a los graves problemas de visión y otros antecedentes clínicos que presentaba.
La delfina formaba parte de una operación internacional organizada para reubicar a los cetáceos que permanecían en Marineland después del cierre del parque canadiense. El 27 de agosto llegaron a València las belugas Cleopatra y Jelly Bean y los delfines Tsunami, Lida, Echo y Marina.
Un seguimiento adaptado a cada animal
Desde el inicio, el Oceanogràfic explicó que los animales procedentes de Canadá llegaban con historiales y necesidades diferentes. Alimentación, comportamiento, exploración del nuevo entorno, interacción social y parámetros veterinarios formaban parte del control diario.
En el caso de Echo, la atención debía ser especialmente individualizada por sus problemas de visión y sus antecedentes clínicos. Según la información publicada por el centro, su estado se deterioró rápidamente durante los últimos días y, pese a la atención de cuidadores y veterinarios, no pudo recuperarse.
El Oceanogràfic ha vinculado la comunicación de su muerte al proceso de seguimiento veterinario que acompaña a toda la operación de rescate. No ha atribuido públicamente una causa concreta en la información disponible hasta ahora, por lo que cualquier explicación adicional requerirá los resultados de los estudios veterinarios correspondientes.
Una operación internacional de gran escala
El traslado de los animales de Marineland movilizó a acuarios acreditados, veterinarios, cuidadores, especialistas en mamíferos marinos y autoridades de distintos países. El objetivo era encontrar una alternativa para 30 belugas y cuatro delfines que permanecían en el parque de Ontario y cuyo cuidado a largo plazo ya no podía garantizarse allí.
Las belugas fueron distribuidas entre varias instituciones de Estados Unidos y el Oceanogràfic, mientras que los cuatro delfines viajaron a València. La logística implicó coordinación con autoridades de Canadá, Estados Unidos y España, además de los organismos responsables de CITES y del transporte de fauna.
El segundo fallecimiento en València desde el rescate
La muerte de Echo se produce pocos días después de la de Jelly Bean, una de las dos belugas trasladadas a València. Jelly Bean murió de forma repentina durante la noche del 17 de septiembre después de presentar dificultades de alimentación, y el Oceanogràfic inició entonces un estudio post mortem con especialistas en patología veterinaria.
Estos fallecimientos no permiten por sí solos extraer conclusiones sobre el conjunto de la operación. Los animales llegaron con situaciones clínicas individuales y el seguimiento continúa para los ejemplares que permanecen en el centro.
La evolución de Cleopatra, Tsunami, Lida y Marina seguirá siendo uno de los puntos de atención de un rescate que, por su escala y complejidad, ha requerido una cooperación internacional poco habitual en el manejo de mamíferos marinos.






