Biodiversidad

Los centros de fauna de Castilla y León atendieron más de 8.300 animales en 2025 y devolvieron miles a la naturaleza

10 de septiembre de 2026

Ave rapaz (aguilucho/ratonero) posada sobre una rama dentro de un voladero de recuperación con malla metálica, en un centro de fauna silvestre.

La red de centros de recuperación de fauna de Castilla y León registró 8.335 entradas de animales silvestres durante 2025 y devolvió al medio natural a más de 2.500 ejemplares, según los datos difundidos por la Junta y recogidos por RTVE el 20 de abril de 2026.

Ocho mil trescientos treinta y cinco entradas en doce meses son unas veintitrés al día. Cada una de ellas empieza igual: alguien se encuentra un animal que no puede moverse y decide no seguir su camino.

Qué es exactamente una «entrada»

Un ingreso en un centro de recuperación no equivale siempre a un animal herido. Bajo esa etiqueta caben situaciones muy distintas: aves colisionadas contra tendidos o cristales, ejemplares electrocutados, animales atropellados, crías aparentemente abandonadas, individuos debilitados por hambre o por temporales, y también animales decomisados o entregados.

Esa diversidad es la que convierte a estos centros en algo parecido a un servicio de urgencias generalista de la fauna silvestre: no eligen los casos que les llegan.

Del ingreso a la suelta

La segunda cifra —más de 2.500 ejemplares devueltos al medio natural— es la que mide el resultado. Y conviene leerla sin idealizarla: significa que una parte importante de los animales que entran no vuelve a salir por su propio pie.

Eso no es un fracaso del sistema. Muchos ingresos llegan en un estado del que no se vuelve, y en fauna silvestre la alternativa a la suelta no siempre es la vida en cautividad: un animal que no puede volar, cazar o desplazarse no es un animal recuperable. La suelta es el objetivo, pero el listón es alto por definición, porque el criterio no es que el animal sobreviva en el centro, sino que sea capaz de sobrevivir fuera.

Lo que la estadística no detalla

Aquí están los límites de lo que se sabe. Los datos disponibles recogen el total de entradas y el número de ejemplares devueltos al medio natural, pero no el desglose: no consta qué especies concentran los ingresos, ni cuántos corresponden a especies amenazadas, ni el reparto entre los distintos centros de la red.

Tampoco consta el detalle de las causas de ingreso —cuántos por colisión, cuántos por electrocución, cuántos por disparo, cuántos por causas naturales—, que es precisamente la información que permitiría actuar sobre el origen del problema y no solo sobre sus consecuencias. Ni cuántos animales murieron o hubo que eutanasiar, ni cuántos quedaron en cautividad irrecuperable.

Sin ese desglose, la cifra dice cuánto trabajo hubo, pero no dice qué está matando a la fauna de Castilla y León.

El eslabón que no aparece en el balance

Ninguna de esas 8.335 entradas se produce sola. Detrás de cada una hay una persona —un agente medioambiental, un ganadero, un excursionista, un vecino— que localizó al animal y avisó. Es el primer paso del circuito y el único que no depende de ningún presupuesto.

Los centros ponen el quirófano y las jaulas de recuperación. La llamada la pone cualquiera.


Fuentes: RTVE, información publicada el 20 de abril de 2026 sobre el balance de la red de centros de recuperación de fauna de Castilla y León correspondiente a 2025, con datos de la Junta de Castilla y León.

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