Un buitre leonado (Gyps fulvus) rescatado en Estremera, en la Comunidad de Madrid, fue intervenido quirúrgicamente por el equipo veterinario de GREFA tras detectársele un alambre de siete centímetros alojado en el aparato digestivo y una intoxicación por plomo. El caso se difundió el 11 de septiembre de 2025. El cuerpo extraño fue retirado mediante cirugía y el ave quedó en proceso de recuperación en el centro.
Un diagnóstico con dos hallazgos independientes
Lo relevante del caso es que reúne dos problemas que llegan por vías distintas y que se refuerzan entre sí. Por un lado, un cuerpo extraño metálico de tamaño considerable en el tubo digestivo, capaz de provocar obstrucción, perforación o una inflamación crónica que impide al animal alimentarse con normalidad. Por otro, una intoxicación por plomo, un metal pesado que actúa de forma sistémica y cuyos efectos no se resuelven extrayendo un objeto.
En un ave debilitada, cada uno agrava al otro: la intoxicación reduce la capacidad de respuesta del organismo y complica el postoperatorio, mientras que la lesión digestiva impide una nutrición adecuada durante el tratamiento. Por eso el abordaje en estos casos combina la cirugía con un tratamiento médico prolongado y con soporte nutricional.
Por qué una carroñera acaba tragando metal
Los buitres leonados se alimentan de cadáveres de grandes vertebrados y desgarran e ingieren fragmentos sin poder seleccionar con precisión qué entra con cada bocado. Esa forma de comer los expone a todo lo que quede incorporado a los restos que consumen o al terreno donde se alimentan: restos de alambre de cercados o de embalaje agrícola, sedales, anzuelos, chapas, fragmentos de munición y otros residuos metálicos dispersos por el medio rural.
A ello se suma un rasgo fisiológico propio de las aves: la molleja retiene y tritura material duro, de modo que un objeto metálico puede permanecer alojado mucho tiempo en el tracto digestivo en lugar de eliminarse. Ese tiempo de permanencia es precisamente lo que convierte un fragmento metálico en un problema doble, mecánico y tóxico, cuando el metal es plomo.
El plomo, un problema crónico de la fauna carroñera
La exposición al plomo está bien documentada en aves carroñeras y necrófagas de todo el mundo. La vía principal descrita es la ingestión de fragmentos de munición de plomo presentes en restos de animales abatidos o en despojos abandonados en el campo, aunque los perdigones, los sedales y los residuos metálicos de otro origen también contribuyen.
El plomo ingerido se disuelve en el medio ácido del estómago y pasa a la sangre, donde interfiere con la formación de la hemoglobina y afecta al sistema nervioso, al riñón y al aparato digestivo. En dosis bajas y sostenidas produce debilidad, pérdida de peso y descoordinación, cuadros que dejan al ave incapaz de volar con eficacia y la hacen vulnerable a colisiones, inanición o atropellos. Muchos animales llegan a los centros de recuperación por esa causa aparente sin que el plomo se sospeche hasta que se analiza.
Qué aporta un caso individual
Un ejemplar rescatado no permite estimar la magnitud del problema, pero sí ilustra el mecanismo. Los centros de recuperación de fauna funcionan de hecho como una red de vigilancia sanitaria del medio natural: los animales que ingresan aportan información sobre qué amenazas están operando en un territorio concreto —envenenamientos, disparos, electrocuciones, intoxicaciones crónicas— que difícilmente se detectaría de otro modo.
En el caso del buitre leonado, una especie que en España mantiene poblaciones importantes tras décadas de recuperación, la exposición acumulada a contaminantes y la disponibilidad de alimento en condiciones sanitarias adecuadas siguen siendo factores de seguimiento constante.
Lo que no se sabe
La información disponible no precisa la fecha exacta del rescate ni las circunstancias en que se localizó al ave, ni la concentración de plomo detectada en sangre o en tejidos. Tampoco consta el origen del alambre ni el del plomo, que son cuestiones distintas: el metal ingerido y la intoxicación pueden proceder de fuentes independientes y la fuente no queda identificada.
No se detalla la técnica quirúrgica empleada, el tratamiento quelante aplicado —si lo hubo— ni el pronóstico de recuperación del ejemplar, y no consta si se ha planteado su liberación posterior ni en qué plazo. Tampoco se indica si la edad o el sexo del animal fueron determinados. Radar Animal actualizará esta información si GREFA difunde datos sobre la evolución o la suelta del ejemplar.
Fuentes: Animal’s Health, información publicada el 11 de septiembre de 2025 — https://www.animalshealth.es/animaladas/veterinarios-espanoles-operan-buitre-leonado-alambre-siete-centimetros-aparato-digestivo






