El centro de recuperación de fauna silvestre de Sobrescobio, en Asturias, atendió durante 2025 a 318 animales pertenecientes a 77 especies distintas y devolvió al medio natural a 126 de ellos. Varios de los liberados salieron con dispositivos GPS, entre ellos distintas aves y un oso pardo. Los datos los publicó el Gobierno del Principado de Asturias el 21 de abril de 2026.
La cifra que suele titularse es la de ingresos. La que explica el trabajo real es la otra: de cada diez animales que entraron por la puerta, cuatro volvieron a salir por su propio pie o volando.
Trescientos dieciocho ingresos, setenta y siete especies
La diversidad importa tanto como el volumen. Setenta y siete especies en un solo año significa que el centro no funciona como una clínica especializada en dos o tres animales frecuentes, sino como el único recurso disponible para casi cualquier vertebrado silvestre que aparezca herido, huérfano o debilitado en el territorio asturiano: aves, mamíferos y reptiles conviven en el mismo balance.
Ese abanico obliga a mantener protocolos muy distintos bajo un mismo techo. No se alimenta igual a un pollo de rapaz que a un erizo, ni se maneja igual la cuarentena de un ave de cría en cautividad que la de un carnívoro que debe conservar intacto su recelo hacia las personas.
Ciento veintiséis de vuelta al monte
La tasa de liberación —126 sobre 318, algo menos del cuarenta por ciento— es el indicador más honesto de este tipo de centros, y conviene leerla sin idealizarla. Muchos animales llegan con lesiones incompatibles con la vida en libertad, y una parte relevante muere o es eutanasiada en las primeras horas precisamente porque el motivo del ingreso ya era grave. Una tasa cercana al cuarenta por ciento en un centro generalista no es un mal resultado: es lo que cabe esperar cuando el filtro de entrada es el atropello, el disparo, la colisión con tendidos o la caída del nido.
Lo que el balance no aclara es cómo se reparten los 192 animales restantes entre fallecimientos, eutanasias e irrecuperables que permanecen en instalaciones.
Los que salen marcados
El detalle más interesante del año es el seguimiento. Varias de las aves liberadas y un oso pardo salieron con GPS, lo que traslada el trabajo del centro desde la asistencia veterinaria hacia la investigación aplicada: sin marcaje, una suelta se cierra en el momento en que el animal desaparece de la vista; con él, se puede comprobar si sobrevive, adónde se mueve y si repite el comportamiento que lo llevó al centro.
En el caso del oso pardo (Ursus arctos) el interés es doble, porque cada ejemplar cuenta en una población cantábrica que sigue bajo seguimiento estrecho y porque el destino de un oso rehabilitado es una de las preguntas menos resueltas del manejo de la especie.
Lo que el balance no detalla
La nota del Principado no desglosa qué especies concretas componen las 77 atendidas, ni cuántos ingresos corresponden a cada causa. Tampoco precisa cuántos dispositivos GPS se colocaron, de qué aves se trata, en qué momento del año se liberó el oso ni si los datos de seguimiento se harán públicos. Sin ese desglose no es posible comparar el año 2025 con ejercicios anteriores más allá del titular.
Radar Animal ampliará esta información si el Principado publica el balance detallado o los primeros resultados del seguimiento.
Fuentes: Gobierno del Principado de Asturias, información sobre fauna silvestre publicada el 21 de abril de 2026. https://actualidad.asturias.es/-/fauna-silvestre214






