Dos linces ibéricos jóvenes (Lynx pardinus) fueron liberados en Aragón dentro del arranque de un programa de reintroducción de la especie, casi cincuenta años después de su desaparición del territorio. RTVE informó de la suelta el 19 de marzo de 2026.
Medio siglo es tiempo suficiente para que un animal deje de estar en el paisaje y pase a estar solo en los archivos. En Aragón, el lince ibérico llevaba tanto tiempo ausente que varias generaciones han crecido sin la posibilidad de cruzárselo.
Qué significa una suelta de dos ejemplares
Dos linces no son una población. Son el primer paso de un proceso que, si sigue el patrón de otras reintroducciones de la especie en la península, se prolonga durante años con sueltas sucesivas hasta reunir un número de ejemplares capaz de reproducirse de forma estable.
Antes de una liberación hay un trabajo previo largo: evaluación del hábitat, disponibilidad de conejo de monte —presa principal del lince, cuyas poblaciones han sufrido caídas severas por enfermedades—, acuerdos con propietarios y cazadores, y adecuación de las carreteras del entorno. Después de la suelta empieza el seguimiento, normalmente mediante collares con emisor que permiten saber si los animales se asientan, se dispersan o mueren.
Por qué Aragón
La expansión del lince ibérico fuera de sus núcleos históricos andaluces y extremeños ha sido la estrategia de la última década: cuantos más núcleos separados existan, menos probable es que un brote de enfermedad o una mala temporada de conejo comprometan a toda la especie. Cada nuevo territorio recuperado es, sobre todo, una póliza de seguro contra la extinción.
Para el territorio receptor, además, el regreso de un depredador tiene efectos ecológicos: el lince desplaza a carnívoros generalistas más pequeños y regula poblaciones de presas, un papel que llevaba décadas vacante.
Lo que aún está por ver
Conviene no confundir una suelta con un éxito. El registro verificado sostiene que Aragón inició la reintroducción con dos ejemplares jóvenes casi cincuenta años después de la desaparición local de la especie, y esa es la noticia. No consta en él la identidad ni el sexo de los animales, la comarca exacta de suelta, el origen de los ejemplares, el calendario de liberaciones posteriores ni el presupuesto del programa.
Tampoco puede anticiparse el resultado. En reintroducciones de lince, la mortalidad de los primeros ejemplares liberados —por atropello, por conflicto o por no encontrar territorio— es un riesgo real y documentado en otros núcleos. Que el lince vuelva a pisar Aragón en 2026 no garantiza que haya linces aragoneses en 2036.
El detalle que sostiene todo lo demás
La reintroducción de un depredador solo funciona si la gente que vive en ese territorio la acepta. Ganaderos, cazadores y vecinos son quienes conviven con el animal los 365 días del año, mucho después de que se apaguen las cámaras del día de la suelta.
Esa es la parte lenta de esta historia, la que no cabe en la foto de una jaula abriéndose en el monte: convencer, compensar daños cuando los haya y sostener el seguimiento durante años. El regreso ya ocurrió. La permanencia se decide después.
Fuentes: RTVE, información publicada el 19 de marzo de 2026 sobre la liberación de dos linces ibéricos jóvenes en Aragón dentro del programa de reintroducción de la especie.






