Más de 400 animales fueron rescatados y atendidos en una sola semana en la provincia de València por una red de voluntarios, veterinarios y entidades de protección animal organizada sobre la marcha tras la DANA. Lo contó Europa Press el 7 de noviembre de 2024, cuando el agua todavía no se había retirado de muchas calles.
Cuatrocientos animales en siete días es una cifra que dice dos cosas a la vez. Dice cuántos quedaron atrapados, heridos o separados de sus familias. Y dice cuánta gente decidió, sin que nadie se lo pidiera, ir a buscarlos.
Una red que no existía la semana anterior
Lo que Europa Press describe no es un dispositivo oficial, sino una estructura que se armó desde cero: particulares que se acercaron con transportines, clínicas veterinarias que abrieron para atender animales que no eran sus pacientes, entidades de protección animal que coordinaron avisos y traslados.
Ese es el dato periodístico y también el detalle más revelador. En una emergencia de esa magnitud, la respuesta a los animales dependió en buena medida de la iniciativa privada y del voluntariado, no de un protocolo previsto.
Por qué los animales quedan fuera de los planes
Cuando se evacúa una zona, la prioridad es evidente y nadie la discute: las personas. El problema aparece después, en el hueco que queda. Un animal que se queda en un bajo inundado, en una azotea o atado en un patio no entra por defecto en ningún listado de rescate, y la persona que ha tenido que salir corriendo tampoco puede volver a por él.
Eso convierte cada rescate en un aviso individual, en una llamada, en alguien que sabe que en tal calle hay un perro. Y explica que las cuentas se hagan a posteriori, por acumulación, en lugar de con una cifra oficial desde el primer día.
Lo que la cifra no dice
Conviene ser preciso con lo que la fuente sostiene y con lo que no. Europa Press habla de más de 400 animales atendidos en una semana: es un recuento de la actividad de esa red, no un balance oficial del impacto de la DANA sobre los animales de la zona.
El registro verificado no desglosa cuántos eran perros, cuántos gatos ni cuántos de otras especies; tampoco cuántos fueron devueltos a sus familias, cuántos quedaron en acogida y cuántos no sobrevivieron. No hay en esta fuente una cifra de animales muertos, que casi con seguridad fue muy superior a la de rescatados, ni un censo de los que nunca llegaron a ser localizados. Cualquier número que circule más allá de ese «más de 400» no procede de aquí.
Lo pequeño dentro de lo enorme
Es tentador contar esta historia solo como un gesto bonito en medio de la catástrofe. Pero tiene una lectura más útil: enseña dónde está el agujero. Si cuatrocientos rescates en una semana dependieron de una red improvisada, la conclusión operativa es que los animales de compañía deberían figurar en los protocolos de emergencia antes de la emergencia, no durante.
Esa es una discusión que reaparece después de cada incendio y cada inundación en España, y que suele apagarse cuando se retira el agua.
Fuentes: Europa Press, información publicada el 7 de noviembre de 2024 sobre la red de voluntarios, veterinarios y entidades que atendió a animales afectados por la DANA en la provincia de València.






