Un equipo de la Universidad de Surrey ha publicado un trabajo sobre el comportamiento de las personas que pasean perros en espacios naturales y su relación con los conflictos que se generan con la fauna silvestre y el ganado. La conclusión de los autores no es que exista un grupo de propietarios irresponsables, sino que la atención de quien pasea se reparte entre el móvil, la conversación y el propio animal, y que esa distracción condiciona lo que ocurre en el campo.
El trabajo, publicado en la revista Society & Natural Resources, combina dos métodos. Por un lado, unas 40 horas de observación directa en varios espacios naturales del condado de Surrey, en el sureste de Inglaterra, entre ellos Puttenham Common, las zonas de Chantries y St Martha’s Hill, Norbury Park y Denbies Wine Estate. Por otro, un taller participativo con 15 profesionales: agricultores, gestores de fincas, empresarios del entorno y personas dedicadas a la conservación.
Qué observaron
Durante las observaciones, los investigadores documentaron once ocasiones en las que no se recogieron los excrementos del perro. Los autores subrayan que la mayoría de las personas observadas sí los recogían de forma constante, de modo que el problema no se describe como generalizado. Sí detectaron un patrón espacial: los residuos tendían a concentrarse en una franja de entre 50 y 100 metros desde los aparcamientos, es decir, en el tramo inicial del paseo, donde suele estar la papelera y donde el paseante todavía está pendiente del entorno.
Ese patrón sostiene una de las recomendaciones del equipo: colocar los contenedores en los puntos donde los perros defecan realmente, y no solo en las entradas de los espacios. Los autores también proponen habilitar zonas específicas donde el perro pueda ir suelto, alejadas de hábitats sensibles, y sustituir la señalización genérica por mensajes contextualizados y en tono amable, del tipo que explica que en esa zona hay aves nidificando en el suelo. Añaden que la eficacia de los carteles tiende a decaer cuando quien pasea ya está familiarizado con el lugar y deja de leerlos.
Una lectura sin causalidad
El investigador Tom Roberts, uno de los firmantes, resume así el planteamiento: los paseadores de perros suelen retratarse como responsables o irresponsables, pero la realidad es bastante más complicada. La investigadora Haeyoung Eun añade que limitarse a dar más normas a la gente difícilmente resolverá estos problemas.
Conviene ser preciso con lo que este trabajo permite afirmar y lo que no. Se trata de un estudio observacional acompañado de un taller cualitativo con un número reducido de participantes, no de un experimento. No permite establecer una relación de causa y efecto directa entre la distracción de quien pasea y un daño concreto medido sobre la fauna o el ganado. Lo que describe es un patrón de conducta humana y una hipótesis razonada sobre sus consecuencias, formulada a partir de la experiencia de los profesionales consultados.
Qué queda por confirmar
El trabajo deja varias preguntas abiertas. No cuantifica el impacto real sobre poblaciones concretas de fauna ni sobre la cabaña ganadera, ni mide si las medidas propuestas —mover los contenedores, rediseñar la señalización, crear zonas delimitadas para perros sueltos— funcionan cuando se aplican. Tampoco puede extrapolarse sin más a España: la observación se hizo en unos pocos espacios del sureste de Inglaterra, con un régimen de acceso al campo, una densidad de uso y unas especies distintas de las españolas. El propio tamaño del taller, quince personas, limita la representatividad de las percepciones recogidas.
Aun así, el enfoque resulta trasladable a la discusión española sobre el acceso de perros a espacios naturales y a zonas de pasto, donde el debate se ha centrado sobre todo en la norma y la sanción. Lo que sugiere este trabajo es que el diseño del propio espacio —dónde está la papelera, dónde empieza la zona sensible, qué dice el cartel— puede pesar tanto como el reglamento.
Fuentes: University of Surrey, septiembre de 2026 — www.surrey.ac.uk/news/distracted-dog-walkers-may-be-putting-wildlife-and-livestock-risk-study-finds






