Un equipo veterinario ha identificado, mediante tomografía computarizada, cuál es el punto exacto de la extremidad trasera de un perro donde conviene medir la masa muscular para vigilar su pérdida con la edad, la enfermedad o la inactividad. El estudio, publicado en Frontiers in Veterinary Science, analizó 39 perros y 76 extremidades traseras.
La pérdida progresiva de masa muscular, algo que en medicina humana se conoce como sarcopenia cuando ocurre por edad, es un problema habitual en perros mayores o con enfermedades crónicas, y afecta directamente a su movilidad y calidad de vida. El problema es que, hasta ahora, medirla con precisión exigía tomografía computarizada en localizaciones no siempre estandarizadas, lo que dificultaba comparar resultados entre estudios o hacer seguimiento fiable de un mismo perro a lo largo del tiempo.
Dónde medir, y por qué importa el sitio exacto
El equipo comparó el área de sección muscular en tres niveles del fémur (al 25 %, 50 % y 75 % de su longitud) y en el punto de la tibia donde el músculo gemelo alcanza su grosor máximo. El nivel medio del fémur, al 50 % de su longitud, fue el que mostró mayor área muscular y la correlación más fuerte con las medidas en los otros niveles. En la tibia, el punto óptimo de medición se sitúa en torno al 12 % de la longitud del hueso.
También encontraron algo esperable pero que conviene decir con claridad: el peso corporal del perro se asocia con más masa muscular en todos los niveles medidos, mientras que la edad y la condición corporal se asocian con menor proporción de músculo. Ninguna de las dos relaciones es sorprendente, pero fijarlas con datos es lo que permite luego detectar cuándo un perro concreto se sale de lo esperado para su tamaño y su edad.
Una escala de palpación, pensada para la consulta del día a día
La tomografía no está al alcance de cualquier clínica ni es razonable para un control rutinario. Por eso el equipo desarrolló, en paralelo, una escala de valoración muscular basada en palpación, pensada como herramienta complementaria para el examen físico habitual. Dos evaluadores independientes la aplicaron con una concordancia muy alta entre ellos, tanto en fémur como en tibia.
Los propios autores son claros en cuál es el papel de esa escala: la describen como una herramienta complementaria, no como un sustituto de la medición por imagen. Sirve para detectar en consulta que algo podría estar cambiando y decidir si hace falta profundizar, no para diagnosticar con la misma precisión que un escáner.
Lo que el estudio no puede decir todavía
Los propios autores señalan varias limitaciones. La muestra, de solo 39 perros, procede de un único centro, lo que limita la generalización de los resultados. La población de perros analizados era heterogénea pero con predominio de razas pequeñas, así que no está claro hasta qué punto estos puntos de referencia funcionan igual en un perro de conformación corporal muy distinta, por ejemplo una raza gigante o una de tórax muy profundo. Y las medidas por tomografía se obtuvieron con un método de segmentación por umbral estandarizado, cuya sensibilidad a distintos protocolos de escáner no queda del todo resuelta.
Dicho de otro modo: el estudio da un mapa útil de dónde mirar, no una tabla de valores normales aplicable a cualquier perro sin matices.
Fuentes: Yun, S., Hong, S., Lee, Y., Lee, K., Choi, S. y Noh, D., «CT-based optimization of hindlimb muscle measurement levels and development of a hindlimb muscle condition score in dogs», Frontiers in Veterinary Science, 2026. DOI: 10.3389/fvets.2026.1854592.






