La revista Wildlife Biology ha publicado un estudio que midió, durante tres años, cuántos animales que no eran el objetivo caían en las trampas usadas para controlar zorro, urraca y jabalí en un coto de caza de Extremadura.
El trabajo —Selectivity and efficiency of predator control methods: a case study from a Mediterranean hunting ground, de José A. Torres y otros, publicado en acceso abierto el 20 de agosto de 2026— es relevante porque pone cifras a un debate que suele darse a base de intuiciones. Pero conviene leerlo con el contexto puesto, y por eso empezamos por ahí.
Quién lo firma y quién lo paga
El estudio lo ha desarrollado la Fundación Artemisan, vinculada al sector cinegético, con la colaboración de la Federación Extremeña de Caza y la Universidad de León. La propia nota de Artemisan indica que el trabajo se hizo «gracias a la financiación y colaboración de la Federación Extremeña de Caza, a través de sus ayudas a la investigación del sector cinegético 2020-2023».
Eso no invalida los datos —está publicado en una revista con revisión por pares y en acceso abierto, de modo que cualquiera puede comprobarlos—, pero sí obliga a distinguir dos cosas: lo que dice el artículo científico y lo que dice el titular de la nota de prensa, que no coinciden del todo. Volvemos sobre ello al final.
Qué se midió
Entre 2021 y 2023, en un coto mediterráneo de Badajoz con presencia de especies protegidas —entre ellas lince ibérico, águila imperial ibérica, águila perdicera, búho real, gineta, garduña, tejón y meloncillo—:
- Un especialista en control de depredadores usó trampas de retención autorizadas durante 9.326 días-trampa.
- Un grupo de cazadores formados con perros realizó 101 jornadas de caza (madriguera para el zorro, espera y batida para el jabalí), con 737,2 horas de esfuerzo.
Los resultados
Urraca (jaula metálica): selectividad del 99,44 %. En 1.410 jornadas de trampeo se capturaron 354 urracas y solo dos tórtolas turcas, que fueron liberadas.
Zorro (lazos propulsados): el modelo Collarum alcanzó una selectividad del 95,24 %, frente al 83,33 % del Belisle Selectif. El Collarum fue además más eficiente: 4,53 zorros por cada 1.000 noches de trampeo, frente a 1,63 del otro.
Modalidades de caza: la más eficaz para el zorro fue la caza con perros en madriguera; para el jabalí, la espera. En total se capturaron 47 jabalíes y 39 zorros.
Estacionalidad: los autores recomiendan concentrar el control de zorro y urraca entre enero y junio, coincidiendo con la reproducción de la caza menor, y el del jabalí entre julio y diciembre.
Dos matices que el propio artículo subraya
Primero: no es el método, es quién lo usa. El trampeo lo hizo un especialista formado y la caza, cazadores con experiencia, siguiendo autorizaciones y normativa regional. El estudio no mide qué pasa cuando lo hace cualquiera. Ese es precisamente su límite y también su conclusión: importa «cómo se realiza, qué método se emplea, quién lo ejecuta y en qué momento».
Segundo: es un estudio de caso. El resumen científico cierra diciendo que el control «podría ser efectivo para reducir la abundancia de especies objetivo en determinados contextos». Un coto, tres años, un ecosistema mediterráneo concreto.
Esa cautela es exactamente lo que se pierde en el titular de la nota de prensa de Artemisan, «La ciencia demuestra la selectividad y efectividad de los métodos de control de depredadores». El artículo no demuestra una regla general: documenta un caso, con números que se pueden comprobar, y avisa de que no se extrapolan solos.
Los autores añaden algo que suele quedar fuera del debate: el control de depredadores no debería plantearse como medida aislada, sino junto a la mejora de la calidad y la heterogeneidad del hábitat.
Qué no sabemos
- Si estos porcentajes se sostienen fuera de ese coto, con otras densidades de fauna, otros paisajes u otros operarios.
- Qué efecto tuvo el control sobre las poblaciones de caza menor. El estudio mide selectividad y eficiencia de captura, no el resultado poblacional buscado.
- Qué ocurre cuando el trampeo lo ejecuta personal sin formación específica, que es el escenario que preocupa a las entidades conservacionistas.
Fuentes: José A. Torres, E. Jorge Tizado, José L. Valero, Miguel Gómez, Luis F. Villanueva y Carlos Sánchez-García, «Selectivity and efficiency of predator control methods: a case study from a Mediterranean hunting ground», Wildlife Biology, 20 de agosto de 2026, DOI 10.1002/wlb3.01705, acceso abierto. Nota de prensa de la Fundación Artemisan, 31 de agosto de 2026.






