Normativa

El reglamento europeo que llega el 8 de agosto y que sí afecta a tu perro o a tu gato

6 de agosto de 2026

A primera vista parece uno de esos textos que solo interesan al sector ganadero. Reglamento de Ejecución (UE) 2024/1973, sobre el uso de determinados antimicrobianos en animales. La AEMPS recordó el 20 de julio que se aplica desde el 8 de agosto de 2026.

Pero dentro hay dos nombres que cualquiera con un gato o un perro en España reconoce: remdesivir y anfotericina B. El primero es el fármaco que ha cambiado el pronóstico de la peritonitis infecciosa felina. El segundo se usa contra la leishmaniasis, una enfermedad endémica en buena parte del país.

Qué regula exactamente

El reglamento no prohíbe medicamentos de forma general. Actúa sobre un mecanismo concreto: la prescripción en cascada.

Conviene explicarlo, porque es la clave de todo lo demás. Cuando no existe un medicamento autorizado para una especie o una dolencia concretas, los artículos 112 y 113 del Reglamento (UE) 2019/6 permiten al veterinario recurrir, de forma excepcional y bajo su responsabilidad, a otro que sí lo está para otra especie, o incluso a uno de uso humano. Es lo que hace posible tratar enfermedades para las que la industria no ha desarrollado un producto específico.

Lo que hace el reglamento es poner límites a esa vía cuando afecta a antimicrobianos considerados críticos. La lógica es de salud pública: cada uso evitable de un antibiótico de última línea acerca el día en que deje de funcionar, en animales y en personas. Es el enfoque One Health.

Trece grupos con condiciones

El anexo establece trece grupos o sustancias sujetos a condiciones estrictas. Entre ellos:

  • Aminopenicilinas con inhibidores de betalactamasas — exigen identificación previa del patógeno y antibiograma. Prohibidas en aves.
  • Cefalosporinas de 3ª y 4ª generación — prohibidas en aves; para salmonelosis en otras especies, solo inyectables y en casos mortales.
  • Quinolonas y fluoroquinolonas — prohibidas para salmonelosis en aves y para metafilaxis en otras especies.
  • Polimixinas, anfenicoles, rifamicinas, rifaximina, sustancias antituberculosas, riminofenazinas, ácidos pseudomónicos (solo Staphylococcus resistente a meticilina y por vía tópica), equinocandinas (último recurso en aspergilosis y candidiasis invasivas).
  • Remdesivir — contemplado exclusivamente para la peritonitis infecciosa felina.
  • Anfotericina B — para leishmaniasis, como último recurso en regiones endémicas.

Además, con carácter general, se exige identificación del patógeno y antibiograma previos que demuestren que los antimicrobianos preferibles no funcionarían. Hay excepción cuando ya existe un medicamento veterinario autorizado en bovinos, ovinos de carne, porcino, pollos, perros o gatos.

Lo que esto significa en la consulta

Para el gato con PIF. El remdesivir aparece en la norma con un uso único y reconocido: la peritonitis infecciosa felina. Durante años, el acceso a este tratamiento en Europa ha sido un terreno confuso, con familias recurriendo a mercados paralelos ante la falta de un producto autorizado. Que el reglamento lo nombre expresamente en ese contexto es una señal relevante, aunque no equivale a una autorización de comercialización: sigue siendo un uso en cascada, con las condiciones que la propia norma impone.

Para el perro con leishmaniasis. La anfotericina B queda encuadrada como último recurso en zonas endémicas. España lo es en gran parte de su territorio. La lectura práctica es que no desaparece del arsenal, pero su uso queda sujeto a justificar que las alternativas no sirven.

Para todos los demás. El cambio más visible en el día a día será el antibiograma. Menos «probemos con este antibiótico y vemos», más cultivo y prueba de sensibilidad antes de recurrir a determinados fármacos. Eso implica esperas de días y algún coste adicional en la factura.

Por qué la incomodidad merece la pena

Esa espera es justo lo que la norma persigue. La resistencia a los antimicrobianos avanza porque durante décadas se usaron con generosidad los que mejor funcionaban, sin comprobar antes si bastaba con otro más modesto.

La factura de esa comodidad la pagan los pacientes de dentro de unos años, humanos y animales, cuando una infección corriente deje de responder a nada. Un antibiograma cuesta unos días. Una bacteria multirresistente puede costar una vida.

Que un reglamento europeo escrito pensando sobre todo en ganadería acabe tocando el tratamiento de un gato con PIF y el de un perro con leishmaniasis es, quizá, la mejor ilustración de lo que significa One Health: no hay compartimentos.


Fuentes: nota informativa de la AEMPS (20 de julio de 2026) y Reglamento de Ejecución (UE) 2024/1973, consultado en EUR-Lex.

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