Cultura

Argos es un podengo portugués. Lo que pase ahora con los podencos españoles no lo decide Nolan

2 de agosto de 2026

El perro que interpreta a Argos en La Odisea, estrenada el 17 de julio, es un podengo português. En realidad fueron varios los que se repartieron el papel a lo largo de la vida del personaje, aunque no existe una ficha oficial de la producción que los identifique uno a uno.

Christopher Nolan ha contado que la relación entre Odiseo y su perro fue lo que le enganchó del texto. A The Hollywood Reporter le dijo, el 20 de julio, que nunca había tenido perro hasta hace unos años y que, llegando a La Odisea, «es la película definitiva sobre perros».

En España esa frase tiene una lectura que en Los Ángeles no tiene, y la razón es literal. La Federación Cinológica Internacional traduce el nombre de la raza como «podenco portugués» y la clasifica en el grupo 5, sección 7, de perros primitivos de caza, exactamente la misma sección donde están el podenco ibicenco y el podenco canario, que son razas españolas. Quien salga del cine queriendo un perro como el de la película y lo busque en español no va a encontrar una raza exótica. Va a encontrar podencos.

Y los podencos, en España, ya tienen un problema que no ha inventado ninguna película.

Lo que dice la investigación, y hasta dónde

La idea de que una película dispara la demanda de una raza está documentada, pero conviene saber hasta dónde llega la documentación.

El caso mejor estudiado es el de los dálmatas. Harold Herzog analizó las inscripciones de cachorros del American Kennel Club y encontró que, en los ocho años posteriores a la reposición de 101 dálmatas de 1985, las inscripciones anuales de la raza pasaron de 8.170 a 42.816. El pico llegó en 1993 y a partir de ahí vino, en palabras del propio estudio, el descenso más pronunciado en la historia del AKC: una caída del 97 % en diez años.

Hasta aquí, el argumento que todo el mundo repite. El mismo trabajo dice algo que casi nunca se cita: que 101 dálmatas y The Shaggy Dog —estrenada en España como El extraño caso de Wilby— son la excepción, no la regla. La mayoría de los cientos de películas, series y anuncios protagonizados por perros no han tenido efecto apreciable. El contraejemplo que pone Herzog es la campaña del chihuahua de Taco Bell, tres años de saturación publicitaria entre 1997 y 2000, tras la cual las inscripciones de la raza bajaron un 43 %.

Hay dos estudios posteriores que afinan la medida. El de Ghirlanda, Acerbi y Herzog, publicado en PLOS ONE en 2014, partió de 87 películas, analizó finalmente 36 combinaciones de película y raza sobre más de 65 millones de registros del AKC entre 1926 y 2005, y estimó que las diez películas de mayor efecto se asociaron conjuntamente con más de 800.000 registros adicionales en la década siguiente al estreno. También encontró que la influencia del cine fue mucho mayor en la primera mitad del siglo XX y lleva décadas debilitándose, probablemente porque hoy competimos con muchísima más oferta audiovisual.

El segundo, de Sarah Weir y Sharon Kessler en 2022, comparó 95 personajes caninos controlando la evolución general de inscripciones y añadió dos matices importantes. Uno: los perros retratados como héroes sí predicen aumentos, mientras que los perros antropomorfizados, los que hablan o actúan como personas, predicen lo contrario. Otro: los efectos significativos se concentraron en los cinco años posteriores al estreno y dejaron de serlo al ampliar la ventana a diez.

Argos no habla. Argos espera veinte años, reconoce a su dueño y se muere. Está en el lado del retrato que sí funciona.

Conviene añadir una cautela de fondo. Un tercer trabajo, firmado por Herzog junto a Bentley y Hahn en Proceedings of the Royal Society B, demostró que buena parte de las grandes oscilaciones de popularidad de las razas puede reproducirse con modelos de copia social aleatoria, sin necesidad de que haya una causa externa. Que una película y una subida coincidan en el tiempo no demuestra que una haya provocado la otra. Los propios autores del estudio de 2014 admiten la posibilidad inversa: que a veces se elija para una película una raza que ya venía subiendo.

Del registro al abandono hay un salto que casi nadie ha medido

Aquí es donde la cadena se rompe, y merece la pena decirlo con claridad porque es lo que sostiene la mayoría de los titulares sobre este asunto.

Todo lo anterior mide registros de cachorros de raza, no adopciones, no compras y desde luego no abandonos. Las inscripciones en un club canino excluyen a los mestizos, a los perros no registrados y a buena parte de los de raza, y no dicen nada sobre qué fue de ese animal después.

Las cifras que suelen citarse sobre el aumento de dálmatas abandonados tras la película de 1996 proceden de declaraciones de refugios a la prensa, sin números absolutos, sin periodo, sin centros identificados y sin serie consultable. Una revisión académica de Erica Sheen, publicada en 2005, revisó esas afirmaciones y encontró que al menos uno de los refugios citados no pudo aportar estadísticas que demostraran el incremento. Eso no desmiente el efecto sobre los registros, que está bien medido. Desmiente la solidez con la que se cuenta la segunda mitad de la historia.

El problema español ya estaba aquí

Conviene poner las magnitudes en su sitio. Según la Fundación Affinity, en 2025 entraron en centros de acogida españoles 285.720 perros y gatos: 169.268 perros y 116.452 gatos. Ese recuento agrupa animales abandonados y perdidos, de modo que la cifra de perros no equivale a perros abandonados.

Entre los motivos de abandono conocidos, es decir, aquellos en los que alguien llegó a explicar por qué entregaba al animal, el fin de la temporada de caza supuso el 10,5 %.

Los perros de caza que se abandonan al acabar la temporada son sobre todo galgos y podencos, dos tipos distintos que la conversación pública mete en el mismo saco. No lo son ni para la cinología: el galgo español está clasificado como lebrel de pelo corto, en un grupo enteramente distinto al de los podencos, y caza guiándose por la vista, mientras que el podenco combina vista, oído y olfato. Comparten el destino, no la función.

Un eventual repunte de demanda por una película sería, en el mejor de los casos para quien lo temiera, un problema añadido sobre otro que ya existe y que es de otro orden de magnitud.

La casilla que no existe

Y aquí está lo que no se arregla con artículos de opinión.

El estudio de la Fundación Affinity es el más conocido y se publica desde 1995, pero no desglosa por razas: ofrece causas, especies y porcentajes de adopción, no cuántos podencos entraron el año pasado.

Existe además un estudio estatal, el primero de su clase, publicado en 2025 por la Dirección General de Derechos de los Animales con datos de 2023. Ese sí clasifica por tipos, sobre 18.764 entradas de perros declaradas por los 284 centros que participaron: 50,8 % mestizos, 12,9 % perros de caza, 12,3 % potencialmente peligrosos, 2,8 % galgos y 21,3 % otras razas. Es una muestra, no un censo, con un error declarado de ±5,85 puntos.

Fíjese en la lista. Hay una casilla para galgos y no hay ninguna para podencos. Un podenco puede acabar contabilizado como perro de caza, como otra raza o directamente como mestizo, según quién rellene la ficha.

La única cifra reciente que separa ambos tipos la publicó PACMA, un partido político animalista, a partir de una encuesta a protectoras: 12.295 perros de caza recogidos en 2022, de ellos 5.544 galgos y 4.191 podencos. Respondieron 194 entidades de más de mil consultadas, así que es una recogida parcial y no una estimación nacional, algo que el propio informe advierte. Sirve para saber que el fenómeno tiene volumen. No sirve para medirlo ni para detectar un cambio de tendencia.

Hay una razón de fondo para ese hueco, y es normativa. La Ley 7/2023 de protección de los derechos y el bienestar de los animales excluye de su ámbito de aplicación a los perros de caza, rehalas y auxiliares de caza, y los remite a su normativa específica. No es una laguna: está en el artículo 1.3.e. Eso no legaliza nada, porque la reforma del Código Penal de ese mismo año castiga el abandono de cualquier animal vertebrado cuando peligre su vida o su integridad. Pero sí explica por qué los perros que más se abandonan al final de una temporada son justamente los que quedan fuera del sistema de garantías, obligaciones y registros que la ley construyó para los demás.

De modo que si dentro de dos años hubiera un repunte de podencos abandonados atribuible a una película, en España no habría manera de demostrarlo. Falta el contador, no el fenómeno. Y eso, a diferencia de la película, sí se puede arreglar: bastaría con que la estadística nacional de abandono incluyera la casilla.

Qué sirve mientras tanto

Para quien salga del cine con la idea en la cabeza, tres cosas concretas.

Un podenco no es un perro de sofá. Son razas de caza con necesidad alta de ejercicio y de estímulo, con instinto de persecución marcado y con una capacidad de fuga que sorprende a quien llega desde razas más manejables. Es exactamente el desajuste entre expectativa y realidad que hundió a los dálmatas.

Hay podencos adultos esperando en prácticamente cualquier protectora española, y un perro adulto tiene el carácter ya formado y visible, que es una ventaja y no un defecto.

Y la compra impulsiva de cachorros al calor de una moda es el mecanismo que alimenta la cría rápida. La caída del 97 % de los dálmatas no fue solo un desplome de inscripciones: fue una generación de perros criados deprisa para atender una demanda que se evaporó.


Fuentes: Herzog, H. (2006), «Forty-two Thousand and One Dalmatians: Fads, Social Contagion, and Dog Breed Popularity», Society & Animals 14(4), 383-397. Ghirlanda, S., Acerbi, A. y Herzog, H. (2014), «Dog Movie Stars and Dog Breed Popularity», PLOS ONE 9(9): e106565. Weir, S. y Kessler, S. E. (2022), «The Making of a (Dog) Movie Star», PLOS ONE 17(1): e0261916. Herzog, H., Bentley, R. A. y Hahn, M. W. (2004), «Random Drift and Large Shifts in Popularity of Dog Breeds», Proceedings of the Royal Society B 271(supl. 5), S353-S356. Sheen, E. (2005), «101 and Counting: Dalmatians in Film and Advertising», Worldviews 9(2), 236-254. Fundación Affinity, estudio «Él nunca lo haría», datos de 2025. Dirección General de Derechos de los Animales, «Estudio sobre la gestión de la protección animal en España», 2025, datos de 2023. PACMA, «Informe sobre el abandono de perros de caza en España durante 2022». Estándares FCI n.º 94, 89, 329 y 285. Ley 7/2023 y Ley Orgánica 3/2023, BOE n.º 75 de 29 de marzo de 2023. Declaraciones de Christopher Nolan a The Hollywood Reporter, 20 de julio de 2026.

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