Cuando escuchamos una frase, el cerebro tiene que resolver un problema que parece sencillo pero no lo es: encontrar dónde termina una palabra y empieza la siguiente dentro de un flujo continuo de sonidos. Un nuevo estudio publicado en Science aporta evidencia de que los perros también pueden realizar parte de ese trabajo y que, como los humanos, muestran una ventaja para las consonantes.
El equipo de la Universidad Eötvös Loránd (ELTE), en Hungría, estudió cómo perros y personas procesaban secuencias de habla artificial. Los investigadores utilizaron registros de actividad cerebral para comprobar qué regularidades del flujo sonoro aprendían los participantes.
Las consonantes aportaron una señal especialmente útil
Los resultados mostraron que los perros podían detectar patrones estadísticos que les permitían segmentar el habla y que las consonantes tenían un peso especial. Según los autores, el efecto no puede explicarse simplemente porque esos sonidos fueran más intensos: en el experimento, las vocales tenían mayor energía acústica.
El hallazgo resulta llamativo porque el llamado sesgo consonántico se considera una característica importante del procesamiento humano del lenguaje. El estudio no demuestra que los perros comprendan el lenguaje como una persona ni que interpreten consonantes de manera idéntica a nosotros. Lo que muestra es una similitud en una etapa más básica: extraer regularidades que ayudan a dividir un flujo de habla.
¿Domesticación o una capacidad más general?
Los autores plantean dos explicaciones que todavía no pueden separarse. El sesgo podría estar relacionado con la larga historia de convivencia de los perros con el habla humana, pero también podría reflejar mecanismos auditivos o cognitivos más generales y anteriores a la domesticación.
Además, el patrón apareció tanto en perros expuestos pronto al habla humana como en animales cuya experiencia temprana había sido distinta, lo que apunta a que un aprendizaje estadístico continuado puede ser suficiente para desarrollar esta sensibilidad.
El trabajo, titulado Neural evidence that dogs segment the speech they hear with a humanlike consonant bias, fue publicado el 24 de septiembre de 2026 en Science.






