La idea de que los animales de compañía ayudan a las personas neurodivergentes circula como si estuviera demostrada. Un estudio publicado en Behavioral Sciences la puso a prueba con 127 adultos y encontró un panorama bastante más incómodo.
Conviene decirlo con precisión, porque este tipo de resultados se cuenta mal con facilidad en las dos direcciones: ni demuestra que tener gato venga bien, ni demuestra que venga mal. Lo que muestra es que la relación importa más que el hecho de tener el animal.
Qué se hizo exactamente
- 127 adultos con gato: 30 con autismo diagnosticado, 15 con TDAH, 22 con ambos diagnósticos, y el resto sin diagnóstico neurodivergente.
- Se midieron rasgos neurodivergentes, distintos factores de la relación con el gato y síntomas de ansiedad, depresión e ideación suicida.
- El análisis fue de correlaciones y comparación entre grupos. Es un diseño observacional, no un experimento.
Qué encontró
Lo esperable: los rasgos autistas y de TDAH se asociaron a más ansiedad, depresión e ideación suicida. Las personas autistas puntuaron significativamente más alto en ansiedad y depresión, y quienes tenían ambos diagnósticos, más ansiedad.
Lo que no se esperaba: personas neurodivergentes y neurotípicas se relacionaban con sus gatos de forma parecida. La diferencia no estaba en cómo trataban al animal.
Y el hallazgo que da la vuelta al relato: varios factores de la convivencia se asociaron a peor bienestar. En concreto:
- Que el gato mostrara comportamiento ansioso.
- Que la persona no pudiera atender adecuadamente al gato.
- Que el gato tuviera mala salud.
- La proximidad física estrecha con el animal.
Por qué esto no significa «los gatos son malos para la salud mental»
Aquí es donde hay que frenar. El estudio no puede establecer causa, y sus propios autores lo enmarcan como una relación bidireccional.
Piénsalo con el primer factor: un gato ansioso se asocia a peor bienestar de la persona. ¿Es que el gato ansioso genera malestar? ¿O es que una persona que atraviesa un mal momento convive con un gato que lo percibe y se altera? ¿O ambas cosas se alimentan? Con este diseño no se puede saber, y el trabajo no lo afirma.
Lo mismo con la mala salud del gato o con la incapacidad de atenderlo: pueden ser causa de angustia, consecuencia de una situación personal difícil, o las dos.
La lectura que sí se sostiene
Que el bienestar del gato y el de la persona van juntos. No es tener un animal lo que aparece asociado a estar mejor: es que la relación funcione y que el animal esté bien atendido y tranquilo.
Dicho de otro modo, y esto sí es accionable: cuidar bien al gato —su salud, su entorno, su ansiedad— no es solo una obligación con él. En estos datos, aparece ligado también a cómo está la persona que vive con él.
Qué no sabemos, y qué límites tiene
- La muestra es pequeña. 127 personas en total, y los subgrupos diagnosticados son de 30, 15 y 22. Con esos tamaños, los resultados son exploratorios.
- No hay causalidad ni dirección. Es un diseño correlacional en un momento único.
- No es un estudio nuevo: se publicó el 23 de enero de 2026. Lo recogemos ahora porque no lo habíamos cubierto, no porque acabe de salir.
- No hemos podido leer el texto completo, solo el resumen oficial: el sitio de la revista devolvió un error de acceso. Las cifras y conclusiones citadas son las del abstract publicado en PubMed.
- No dice nada sobre niños, ni sobre perros, ni sobre animales de terapia. La muestra es de personas adultas con gato.
Fuentes
- Widdison L, Barcelos AM, Tsiora S, Zarie A, Mills DS, Kargas N. «Exploring Cat-Human Interaction as a Psychosocial Resource in Autism and ADHD: Risks, Engagement, and Well-Being». Behavioral Sciences (Basel), 23 de enero de 2026; 16(2):162.
- DOI: 10.3390/bs16020162 · PMID: 41749971.
- Los autores declaran no tener conflictos de interés.
- Consultado el 26 de agosto de 2026.






