Treinta y cuatro loros grises africanos (Psittacus erithacus), conocidos como yacos, procedentes de incautaciones amparadas por CITES en España han sido repatriados a la República del Congo. Los ejemplares fueron seleccionados tras un proceso de evaluación genética, etológica y veterinaria destinado a determinar cuáles reunían las condiciones para viajar y para afrontar una eventual preparación de cara a su reintroducción en el medio natural. La operación se ejecutó el 22 de mayo de 2024.
Por qué el yaco acaba decomisado
El loro gris africano es una de las aves más comercializadas del mundo y una de las que más ha sufrido esa condición. Su capacidad para reproducir sonidos y su longevidad —puede superar los cuarenta o cincuenta años— lo convirtieron durante décadas en un animal de compañía muy demandado, y la demanda se abasteció en buena medida con capturas en el medio natural en África central y occidental.
La presión llegó a ser tal que en 2016 la especie pasó al Apéndice I de CITES, el nivel de máxima protección, que prohíbe con carácter general su comercio internacional con fines comerciales. Desde entonces, los ejemplares que aparecen en Europa sin la documentación que acredite su origen legal quedan sujetos a decomiso, y ese es el punto en el que empieza la historia de estos treinta y cuatro yacos.
El problema que abre cada decomiso
Incautar un animal exótico resuelve un problema y crea otro. El ejemplar no puede devolverse sin más a su lugar de origen, porque a menudo se desconoce cuál es, y tampoco puede liberarse en el territorio donde se ha intervenido, donde sería una especie exótica. La consecuencia habitual es el ingreso en un centro de rescate CITES, donde el animal puede permanecer años, ocupando una plaza que es un recurso limitado.
La repatriación es la salida menos frecuente y la más exigente, y por eso es relevante que se haya ejecutado con un grupo de este tamaño. No consiste en subir treinta y cuatro aves a un avión: exige acuerdo entre las autoridades CITES de los dos países, garantías sanitarias en origen y en destino, y una entidad receptora capaz de hacerse cargo de los animales a su llegada.
Qué evalúa el triple filtro genético, etológico y veterinario
El proceso de selección descrito combina tres exámenes que responden a preguntas distintas.
El análisis genético trata de determinar de qué población procede cada ejemplar. El yaco no es homogéneo a lo largo de su área de distribución, y devolver un ave a una zona con la que no tiene relación genética puede introducir variantes ajenas en la población local. Es un criterio estándar en cualquier programa de reintroducción y explica por qué el destino elegido no es intercambiable.
El examen veterinario cumple una función de barrera sanitaria. Un ave que ha pasado por el circuito del tráfico ha estado en contacto con ejemplares de procedencias muy diversas y puede portar agentes infecciosos que no existen en la población silvestre de destino. Una repatriación mal controlada puede convertirse en la introducción de una enfermedad en la propia población que se pretende reforzar, de modo que los periodos de cuarentena y los cribados previos no son un trámite.
La evaluación etológica valora el comportamiento. Un yaco criado o mantenido durante años en cautividad puede haber perdido las conductas que necesita para sobrevivir: buscar alimento, reconocer depredadores, integrarse en un bando. Las aves que muestran una impronta fuerte hacia las personas suelen ser malas candidatas a la liberación, y ese filtro es el que evita convertir una repatriación en un fracaso anunciado.
Repatriar no es todavía liberar
Conviene subrayar el matiz. Lo ejecutado es el traslado al país de origen; la reintroducción en el medio natural es un proceso posterior, largo, que en psitácidas suele incluir aclimatación en instalaciones en destino, formación de grupos, entrenamiento de conductas y liberaciones graduales con seguimiento. No todos los ejemplares que llegan terminan volando libres, y el éxito de estos programas se mide en años, no en semanas.
Aun así, el paso tiene un valor que va más allá de estos treinta y cuatro individuos: libera plazas en los centros de rescate europeos y demuestra que existe una vía practicable para los animales que hoy quedan atrapados indefinidamente en el limbo posterior a una incautación.
Lo que queda por confirmar
No consta el desglose de los ejemplares por sexo, edad o estado sanitario individual, ni el detalle de las incautaciones concretas de las que proceden. Tampoco se especifica la entidad receptora en la República del Congo, el emplazamiento exacto al que fueron trasladados, la duración prevista del periodo de aclimatación ni los criterios que se aplicarán para decidir qué ejemplares serán finalmente liberados. Se desconoce si está previsto un seguimiento posterior con marcaje o radioseguimiento y quién asumirá su financiación.
Radar Animal actualizará esta información si las autoridades implicadas publican datos sobre la evolución del grupo repatriado.
Fuentes: Animal’s Health, información publicada el 22 de mayo de 2024 sobre la repatriación a la República del Congo de 34 ejemplares de loro gris africano procedentes del tráfico ilegal de vida silvestre.






