La terapia renal sustitutiva —la diálisis veterinaria, dicho en corto— es uno de esos tratamientos que colocan a una familia ante una decisión difícil en muy poco tiempo. Es caro, exige hospitalización y equipos que pocos centros tienen. Y la pregunta que todo el mundo hace es siempre la misma: ¿merece la pena?
Un estudio publicado en Frontiers in Veterinary Science aporta números para responderla mejor. Y su hallazgo principal no es tanto un porcentaje como una distinción: importa mucho si el riñón estaba sano antes de fallar.
Dos pacientes que parecen el mismo
El trabajo revisó 136 animales —67 perros y 69 gatos— tratados con terapia renal sustitutiva continua en un centro veterinario de referencia de Seúl, entre 2017 y 2024. Se emplearon técnicas de hemodiafiltración y hemodiálisis venovenosa continua en sesiones de cuatro a ocho horas.
Los pacientes se dividieron en dos grupos que, en la sala de urgencias, pueden presentarse de forma muy parecida:
- Lesión renal aguda (70 animales): el riñón funcionaba y ha fallado de golpe. Un tóxico, una obstrucción, una infección.
- Enfermedad renal crónica agudizada (66 animales): ya había daño renal previo, y ahora se ha descompensado.
Los resultados: el alta hospitalaria
| Grupo | Supervivencia al alta |
|---|---|
| Lesión renal aguda | 70 % (49 de 70) |
| Enfermedad crónica agudizada | 53 % (35 de 66) |
En perros específicamente, las cifras fueron del 67 % (24 de 36) y del 48 % (15 de 31) respectivamente.
Es decir: la mayoría de los animales dializados salió del hospital vivo, incluso en el grupo de peor pronóstico. Para un tratamiento que muchos tutores asocian con una medida desesperada, eso ya dice algo.
Y ahora, el dato que casi nunca se cuenta
Aquí está lo importante, y es donde el estudio se vuelve verdaderamente útil.
Entre los animales del grupo crónico agudizado que sobrevivieron al alta, la supervivencia posterior tuvo una mediana de 57 días. En los perros de ese grupo, 33 días.
En el grupo de lesión renal aguda no se alcanzó la mediana: más de la mitad seguía viva al final del seguimiento. Entre los gatos de ese grupo, más de la mitad continuaba viva pasados 2.400 días — es decir, más de seis años.
La diferencia entre los dos grupos no está tanto en si el animal supera la crisis como en qué queda después. Un animal con riñones previamente sanos que supera una lesión aguda puede recuperar años de vida. Uno con enfermedad crónica de base puede superar la crisis y morir dos meses después.
Esa es la información que una familia necesita para decidir, y es exactamente la que se pierde cuando se resume el tratamiento en un único porcentaje de éxito.
Qué se asoció a un peor pronóstico
Los autores identificaron algunos factores, distintos según el grupo:
- En enfermedad crónica agudizada: la edad avanzada y una creatinina sérica más alta en el momento del alta.
- En lesión renal aguda: una puntuación más alta en un índice pronóstico específico y un mayor peso corporal.
Las limitaciones, que aquí pesan
Los propios autores enumeran varias, y hay una que merece leerse dos veces.
Es un estudio retrospectivo y de un solo centro, con submuestras pequeñas al dividir por grupos y especies, y una cantidad sustancial de datos censurados — animales que se pierden del seguimiento y de los que no se sabe el desenlace. Además, la enfermedad renal crónica previa se estableció a partir de registros históricos, lo que abre la puerta a clasificar mal a animales con daño renal no detectado.
Y luego está esta, textual entre las limitaciones declaradas: los resultados están influidos por factores no biológicos, como las decisiones económicas y la eutanasia.
Conviene detenerse ahí. En medicina veterinaria, una estadística de supervivencia no mide solo lo que el cuerpo del animal puede resistir: mide también hasta dónde pudo llegar la familia. Un tratamiento que se interrumpe porque ya no se puede pagar aparece en los datos igual que un fracaso clínico. Ningún estudio de este tipo puede separar del todo ambas cosas, y es honesto que los autores lo digan.
Cómo leer esto
Estos porcentajes describen lo que ocurrió en 136 animales de un hospital concreto de Seúl. No predicen lo que le pasará a un animal en particular, no son extrapolables a cualquier centro y no significan que la diálisis sea eficaz o inútil en abstracto.
Lo que sí ofrecen es una base para una conversación mejor con el veterinario. Y una pregunta concreta que hacer cuando llegue el momento: ¿estamos ante un riñón que ha fallado, o ante uno que ya estaba fallando? Según la respuesta, lo que hay en juego no es lo mismo.
Fuente: estudio de cohorte retrospectiva sobre desenlaces tras terapia renal sustitutiva en perros y gatos con lesión renal aguda o enfermedad renal crónica agudizada, publicado en Frontiers in Veterinary Science (DOI 10.3389/fvets.2026.1857111).






