El Centro de Recuperación de Fauna de El Saler, en Valencia, atendió 9.310 animales silvestres durante 2025, frente a los 7.611 registrados en 2024, un aumento que el balance del centro cifra en un 20,7%, según la información difundida el 14 de abril de 2026. El incremento se relacionó de forma especialmente marcada con la llegada de crías de vencejo afectadas por la ola de calor, un patrón que convierte los registros de entradas de estos centros en un indicador indirecto del impacto de los episodios de calor extremo sobre la fauna urbana.
Qué hace exactamente un centro de recuperación de fauna
Conviene precisar la función de estas instalaciones, que con frecuencia se confunden con otras muy distintas. Un centro de recuperación de fauna no es un zoológico ni un refugio de animales de compañía: es un equipamiento público que recibe animales silvestres heridos, enfermos, debilitados o huérfanos, les presta atención veterinaria y trabaja para devolverlos al medio natural.
El circuito habitual empieza fuera del centro. Un particular encuentra un animal en apuros y avisa a los servicios de emergencias, o lo hacen los agentes medioambientales, las policías locales o el SEPRONA, que se encargan de la recogida y el traslado. En el centro se aplica un triaje inicial, se valora el estado del animal y se decide entre el tratamiento, la estabilización o, cuando las lesiones son irreversibles y condenan al animal a un sufrimiento sin salida, la eutanasia. Después llega la fase larga: la rehabilitación, que en el caso de las aves incluye recuperar musculatura y capacidad de vuelo antes de cualquier suelta.
Ese objetivo —la vuelta al medio— es el que define el trabajo y también el que marca sus límites. Un animal que no pueda volver a alimentarse, desplazarse o defenderse por sí mismo no es un caso resuelto por el hecho de seguir vivo.
Vencejos y calor: por qué una ola de calor llena un centro de fauna
La relación entre la ola de calor y las crías de vencejo tiene una explicación concreta y bien conocida por quienes trabajan en estos centros. El vencejo común (Apus apus) es un ave estrictamente aérea que cría en cavidades: huecos de muros, juntas de fachada y, sobre todo, el espacio bajo las tejas de los edificios. Esos emplazamientos, que durante buena parte del año ofrecen protección, se convierten en trampas térmicas cuando las temperaturas se disparan, porque una cubierta expuesta al sol puede alcanzar en su interior valores muy superiores a los del ambiente.
Ante ese calor, los pollos que todavía no están listos para volar se desplazan hacia la salida del nido y acaban cayendo al suelo. Y aquí interviene un rasgo anatómico decisivo: el vencejo tiene las patas muy cortas y las alas extremadamente largas, adaptadas a una vida en el aire, de modo que no puede despegar desde una superficie plana. Un vencejo en el suelo no es un ave que descansa, es un ave que no puede volver a volar sin ayuda. A ello se suma que las condiciones extremas reducen la disponibilidad de insectos aéreos, el único alimento de la especie, con lo que los adultos tienen más dificultad para cebar a los pollos.
El resultado operativo es un pico de entradas concentrado en muy pocos días, formado por decenas o centenares de pollos de la misma especie y de edad similar, coincidiendo con el episodio meteorológico.
Los centros de fauna como sensores de los episodios extremos
El interés de un balance como este va más allá de la gestión interna del centro. Las series de entradas constituyen uno de los pocos registros continuos, con anclaje geográfico y temporal preciso, del efecto de los fenómenos meteorológicos sobre la fauna. Un pico atribuible a una especie y a una clase de edad determinadas, coincidiendo con un episodio de calor concreto, es una señal difícil de obtener por otras vías.
Esa utilidad exige, sin embargo, leer los datos con cautela. Un centro de recuperación no registra los animales afectados, sino los animales que alguien encuentra, recoge y traslada. Eso introduce sesgos que no pueden ignorarse: sobrerrepresenta las especies urbanas y llamativas frente a las que viven lejos de las personas, y depende del grado de concienciación ciudadana y de la eficacia de los canales de aviso. Un aumento interanual puede reflejar más animales afectados, pero también más avisos, más difusión de los teléfonos de emergencia o cambios en los criterios de recogida. Distinguir una cosa de otra requiere cruzar los datos de entradas con información meteorológica y con series largas, algo que un balance anual por sí solo no permite.
El coste operativo de un pico de entradas
Un incremento del volumen de trabajo de esta magnitud no se traduce solo en más animales en las jaulas. La cría a mano de pollos de vencejo es una de las tareas más exigentes que asume un centro de fauna: requiere alimentación con dieta a base de insectos varias veces al día durante semanas, un manejo cuidadoso para no dañar un plumaje del que depende toda la vida posterior del animal, y espacio suficiente para el entrenamiento de vuelo previo a la suelta.
Cuando ese esfuerzo se concentra en unos pocos días de verano, la capacidad del centro se tensiona en todos sus frentes a la vez —personal, instalaciones, alimento— y la presión repercute también sobre el resto de los animales ingresados, cuyos cuidados compiten por los mismos recursos. Es el motivo por el que los picos asociados a episodios extremos son un problema de planificación y no solo una cifra de balance.
Lo que no consta
La información disponible no ofrece el desglose de las 9.310 entradas por especies o grupos, ni permite saber cuántos de esos animales fueron vencejos, un dato que sería clave para dimensionar el efecto de la ola de calor frente a otras causas de ingreso. Tampoco constan las tasas de recuperación y suelta, ni cuántos animales murieron durante el proceso o hubo que eutanasiar.
No se precisan las fechas ni la intensidad del episodio de calor al que se atribuye el aumento, ni si otros centros de recuperación de la Comunitat Valenciana registraron incrementos comparables, ni cómo se comportó la serie histórica de entradas en años anteriores a 2024. Falta igualmente información sobre los medios humanos y presupuestarios del centro y sobre si el pico obligó a adoptar medidas extraordinarias.
Cabe señalar además una discrepancia aritmética que la fuente no aclara: el paso de 7.611 a 9.310 animales supone un incremento del 22,3%, algo por encima del 20,7% que recoge el balance, diferencia que podría responder a una base de comparación distinta o a un ajuste en los criterios de contabilización. Radar Animal actualizará esta ficha si se publica el balance desglosado.
Fuentes: Animal’s Health, información publicada el 14 de abril de 2026 — https://www.animalshealth.es/animaladas/veterinarios-valencia-atendieron-2025-20-por-ciento-mas-animales-heridos-centro-recuperacion-fauna-salvaje-saler






