Protectoras de animales de la provincia de Valencia, entre ellas Modepran, reclamaron ayuda urgente el 4 de noviembre de 2024 para poder seguir con los rescates, dar acogida a los animales que se habían quedado sin sitio y reconstruir las instalaciones dañadas por la DANA, según recogió Europa Press.
El llamamiento llegó pocos días después de la riada. Y llegó desde un lugar que en las emergencias suele quedar fuera del foco: las entidades que se ocupan de los animales cuando nadie más puede hacerlo.
Cuando el refugio también es damnificado
Un refugio de animales funciona en emergencia con una desventaja evidente: no puede evacuarse. Los animales que ya viven allí siguen allí. Si el agua entra en las instalaciones, el daño no es solo material —vallas, casetas, quirófanos, almacenes de pienso—, sino operativo: el mismo espacio que debería absorber a los animales desplazados es el que ha quedado inutilizado.
Ese es el punto que las protectoras valencianas pusieron sobre la mesa el 4 de noviembre. No pedían ayuda para una cosa, sino para tres a la vez, y las tres competían por los mismos recursos.
Tres peticiones al mismo tiempo
La petición que recogió Europa Press combinaba rescates —salir a buscar animales en zonas afectadas, un trabajo que exige vehículos, combustible, material y personas disponibles—, acogidas —dar sitio a animales cuyas familias habían perdido la vivienda o no podían atenderlos temporalmente, además de a los que aparecían sin identificar— y reconstrucción, es decir, reparar las instalaciones dañadas para poder seguir haciendo las dos cosas anteriores.
Es una secuencia que se muerde la cola. Cuanto más urgente es el rescate, menos tiempo hay para reparar; cuanto más dañado está el refugio, menos animales puede acoger quien está rescatando.
Lo que el llamamiento no cuantifica
Conviene decir con claridad qué es lo que está documentado y qué no. La información disponible recoge la existencia de la petición y su contenido, pero no aporta un balance cerrado: no consta el número de animales rescatados en esos días, ni cuántos entraron en acogida, ni cuántas entidades se sumaron al llamamiento, ni el alcance económico de los daños en las instalaciones.
Tampoco consta cómo se resolvió después esa petición: qué ayudas llegaron, de dónde y en qué plazo. Todo eso forma parte de un balance posterior que esta pieza no puede dar por hecho. Lo que sí queda registrado es el momento exacto en que las protectoras dijeron públicamente que no llegaban.
Por qué mirar a los refugios en una catástrofe
En una emergencia con víctimas humanas, el bienestar animal ocupa —lógicamente— un segundo plano en la respuesta institucional. Pero los animales de una zona inundada no desaparecen del problema: se pierden, se quedan solos en viviendas evacuadas, aparecen heridos o simplemente dejan de tener quien los alimente. Y la red que se ocupa de eso está formada, en buena parte, por entidades pequeñas que se sostienen con donaciones y voluntariado.
Que esa red pida ayuda a los seis días de una catástrofe no es un detalle sentimental. Es un dato sobre la capacidad real del sistema: la parte que absorbe a los animales desplazados es también la parte más frágil ante el agua.
Fuentes: Europa Press, información publicada el 4 de noviembre de 2024 sobre la petición de ayuda urgente de las protectoras de animales de la Comunitat Valenciana para rescates, acogidas y reconstrucción de instalaciones tras la DANA.






