Un informe de investigación publicado en Frontiers in Veterinary Science ha analizado con técnicas moleculares la presencia de Leishmania spp. en tejido de carcinoma de células escamosas en gatos de Portugal, y ha detectado material genético del parásito en las muestras estudiadas.
Lo primero, porque es lo que más se malinterpreta: detectar el parásito dentro de un tumor no demuestra que lo haya causado. Los propios términos del trabajo describen una detección molecular, no una relación causal.
Qué se ha observado exactamente
La técnica empleada busca ADN del parásito en el tejido tumoral. Que aparezca significa que Leishmania estaba presente en esa muestra. No dice cuándo llegó, ni si estaba antes del tumor o se instaló después, ni si intervino en su desarrollo o simplemente coincidió con él en un animal que vive en una zona donde el parásito es común.
En un país endémico, encontrar el parásito en un tejido cualquiera no es en sí mismo excepcional. Lo que el estudio aporta es la observación sistemática de esa presencia en un tipo concreto de tumor, y eso es una hipótesis que abrir, no una conclusión que cerrar.
Por qué el hallazgo interesa en la península ibérica
Por dos motivos que se cruzan aquí. El primero es que la leishmaniosis es endémica en toda la península ibérica: la transmite un flebótomo, el perro es el reservorio doméstico principal y el papel del gato —durante años considerado marginal— está cada vez mejor documentado como hospedador susceptible, sobre todo en animales con la inmunidad comprometida.
El segundo es que el carcinoma de células escamosas es uno de los tumores cutáneos más frecuentes en el gato, con un factor de riesgo bien establecido y distinto: la exposición solar acumulada sobre zonas poco pigmentadas y con poco pelo, típicamente pabellones auriculares, párpados y plano nasal. Cualquier hipótesis nueva sobre este tumor tiene que convivir con ese factor ya conocido, no sustituirlo.
Lo que el estudio no puede responder
No establece causalidad. No permite afirmar que la leishmaniosis aumente el riesgo de desarrollar carcinoma escamoso, ni que tratar la una modifique el pronóstico del otro, ni que un gato con lesión cutánea deba someterse a pruebas de Leishmania por este motivo. Para eso harían falta diseños distintos —con grupos de comparación y seguimiento— que este trabajo no plantea.
Esta pieza tampoco reproduce cifras de prevalencia ni tamaños de muestra: el detalle metodológico completo está en el artículo original, en acceso abierto, citado abajo. Quien quiera valorar el peso real del hallazgo debe ir ahí.
Fuentes: Frontiers in Veterinary Science, informe de investigación sobre detección molecular de Leishmania spp. en carcinoma de células escamosas felino en Portugal, DOI 10.3389/fvets.2026.1952747, consultado el 9 de septiembre de 2026.






