Un análisis multicéntrico ha revisado qué pasó con 111 caballos expuestos de forma natural al herpesvirus equino tipo 1 (EHV-1) durante un brote real, y ha encontrado una diferencia llamativa: entre los animales positivos que recibieron tratamiento combinado de valaciclovir y heparina, ninguno murió. Entre los que no recibieron ese tratamiento y desarrollaron la complicación neurológica de la enfermedad, todos llegaron a una ataxia de grado máximo y tuvieron que ser eutanasiados.
El estudio, publicado en línea el 10 de julio en la revista de la Asociación Veterinaria Americana (JAVMA), identificó 22 caballos positivos a EHV-1 entre los 111 expuestos. De ellos, varios desarrollaron mieloencefalopatía por herpesvirus equino, la forma neurológica grave de la enfermedad, que en los casos peores provoca parálisis progresiva de las extremidades traseras.
Por qué esta diferencia no es una cura demostrada
Aquí está el dato que cambia cómo hay que leer todo lo anterior: este es un estudio retrospectivo, no un ensayo clínico. Eso significa que los investigadores no asignaron el tratamiento al azar entre los caballos, sino que revisaron después qué había recibido cada uno y compararon los resultados.
La diferencia entre ese diseño y un ensayo clínico aleatorizado no es un tecnicismo académico, es la diferencia entre sugerir una hipótesis sólida y demostrarla. En un brote real, la decisión de tratar a un caballo con un antiviral y un anticoagulante la toma un veterinario, en el momento, con la información que tiene entonces: puede que los caballos tratados fueran los que mostraban síntomas más tempranos o más leves, precisamente los que de partida tenían mejor pronóstico. Ese sesgo de selección es la explicación alternativa más obvia a cualquier resultado positivo en un estudio de este tipo, y ni el diseño del trabajo ni los datos disponibles permiten descartarlo del todo.
Dicho de otro modo: que los caballos tratados sobrevivieran todos es un resultado real y documentado. Que el tratamiento sea la causa de esa supervivencia es, con este diseño, una hipótesis fuerte, no una certeza.
Un brote de hace años, analizado ahora
Un detalle que merece explicación: los 111 caballos se expusieron al virus entre agosto de 2017 y marzo de 2018, casi una década antes de la publicación del estudio. No es un error de fecha, es el propio diseño del trabajo: un análisis retrospectivo necesita tiempo para reunir los datos de varios centros veterinarios sobre un brote ya cerrado, y ese proceso de coordinación y revisión puede llevar años. Conviene tenerlo presente para no leer esto como una alerta sanitaria actual, que no lo es.
Qué hacer con esto en la práctica
Este trabajo no cambia el protocolo de nadie por sí solo, pero sí aporta una señal a favor de un tratamiento que ya se usa en la práctica clínica equina frente a brotes de EHV-1. La decisión de tratar, con qué fármacos y en qué momento del brote, sigue siendo del veterinario que atiende el caso, según la situación clínica de cada caballo. Ningún hallazgo de este tipo justifica la automedicación ni sustituye el seguimiento profesional durante un brote.
Fuentes: Marchitello, M., Estell, K., Ludwig, E. K., Sage, A. M. y White, N. A., «Combined treatment with valacyclovir and heparin reduced the incidence of equine herpesvirus myeloencephalopathy and improved survival in naturally occurring equine herpesvirus-1 outbreaks», Journal of the American Veterinary Medical Association, publicado en línea el 10 de julio de 2026. DOI: 10.2460/javma.26.02.0118.






