Salud

Otitis canina: un corticoide solo igualó a un producto con antibiótico, y quien pagó el estudio vendía el corticoide

21 de agosto de 2026

Doscientos perros con otitis externa, repartidos al azar en dos grupos de cien. Un grupo recibió un espray de aceponato de hidrocortisona, un corticoide y nada más. El otro, un gel ótico que combina terbinafina, florfenicol y acetato de betametasona: antifúngico, antibiótico y corticoide.

A los 28 días, la reducción media de la puntuación de gravedad fue del 72 % en el primer grupo y del 76 % en el segundo. La tasa de éxito, del 74 % y el 78 % respectivamente. La diferencia media entre tratamientos fue del −4,0 %, con un intervalo de confianza del 95 % de −10,7 % a 2,7 %, dentro del margen de no inferioridad del −15 % fijado de antemano.

El ensayo, publicado en Frontiers in Veterinary Science, es multicéntrico, aleatorizado, con doble ciego y grupos paralelos. Metodológicamente, de lo mejor que se ve en medicina veterinaria.

Y lo financió Virbac, que fabrica el producto que salió bien parado.

Empecemos por ahí

Cinco de los autores tienen vínculo laboral con la compañía: dos con Nippon Virbac y tres con Virbac SA. El estudio declara esa financiación y esas afiliaciones abiertamente, que es lo que hay que hacer y no siempre se hace.

Eso no convierte el trabajo en propaganda. El diseño con doble ciego existe precisamente para que las expectativas de quien evalúa no contaminen el resultado, y aquí está bien aplicado. Pero sí obliga a leerlo con una cautela concreta: los ensayos financiados por la industria tienden, en conjunto, a arrojar resultados favorables al producto del patrocinador con más frecuencia que los independientes. Es un fenómeno bien documentado en medicina humana y no hay razón para suponer que la veterinaria sea inmune.

La forma sensata de manejarlo no es descartar el estudio, sino esperar a que alguien sin interés comercial lo reproduzca. Mientras tanto, el resultado vale lo que vale: es una señal sólida, no una conclusión cerrada.

Por qué el hallazgo interesa de todos modos

La comparación no es entre un producto y un placebo. Es entre un corticoide solo y un corticoide acompañado de antibiótico y antifúngico. Y no se encontró diferencia relevante.

Eso apunta a algo que la dermatología veterinaria lleva tiempo sosteniendo: en buena parte de las otitis externas caninas, el problema de fondo es inflamatorio. El conducto auditivo se inflama, se estrecha, retiene humedad y calor, y en ese ambiente proliferan bacterias y levaduras que en un oído sano estaban ahí sin causar problema. Tratar la inflamación puede bastar para deshacer las condiciones que permitieron el sobrecrecimiento.

Si eso se confirma, la consecuencia es de las que importan. Cada tratamiento con antibiótico que se evita es una oportunidad menos para seleccionar bacterias resistentes. Y el oído es un escenario clásico de uso repetido de antibióticos tópicos, porque la otitis recidiva con facilidad y el mismo perro puede recibir varias tandas al año durante toda su vida.

Los perfiles de seguridad fueron buenos en ambos grupos: no hubo reacciones locales, y se registraron trastornos digestivos transitorios y no graves en dos perros del grupo del corticoide y en uno del grupo del combinado.

Lo que los autores reconocen

Tres limitaciones, declaradas por ellos mismos.

El estudio se hizo en un solo país y los datos epidemiológicos son específicos de Japón. La flora bacteriana y fúngica de los oídos caninos, y los patrones de resistencia, no son idénticos en todas partes.

Los protocolos de administración eran distintos: el espray se aplicaba con dos pulsaciones una vez al día durante 7 o 14 días, mientras que el gel se administraba en una sola dosis de 1 ml el día 0 y otra el día 7. Los autores admiten que esa diferencia puede introducir sesgo, y conviene entender por qué: no es lo mismo un tratamiento que depende de que alguien lo aplique correctamente todos los días en casa que otro que administra el veterinario dos veces.

Y el umbral de éxito, una puntuación OTIS-3 igual o menor de 3, podría ser demasiado alto para algunos casos individuales. Es decir, un perro puede contar como éxito en la estadística y seguir teniendo un oído que a su tutor no le parece resuelto.

Lo que esto no autoriza a hacer

Nada de lo anterior significa que las otitis puedan tratarse con un corticoide sin más, y menos aún sin pasar por consulta.

Una otitis externa no es un diagnóstico completo: es un signo. Detrás puede haber una alergia, un cuerpo extraño —una espiga de gramínea es el ejemplo clásico del verano—, un problema hormonal, ácaros o una alteración anatómica del conducto. Un tratamiento que reduce la inflamación puede mejorar el cuadro y dejar intacta la causa, con lo que el problema vuelve, y a veces vuelve peor.

Hay además una razón de seguridad. Antes de introducir cualquier producto en un oído hay que comprobar que el tímpano está íntegro, porque algunos principios activos son ototóxicos si alcanzan el oído medio. Esa comprobación requiere un otoscopio y a alguien que sepa interpretarlo.

Y una advertencia que conviene dar explícitamente: los corticoides de uso ótico o cutáneo destinados a personas no son intercambiables con los veterinarios, ni en concentración ni en vehículo. Reutilizar en el perro lo que quedó del botiquín de casa es una de las causas evitables de complicación en dermatología veterinaria.

Lo que este estudio ofrece no es un atajo. Es un argumento para que la conversación en consulta incluya una pregunta que hasta hace poco no se hacía: si en este caso concreto hace falta el antibiótico, o si la inflamación explica lo suficiente.


Fuente: ensayo clínico de campo multicéntrico, aleatorizado y con doble ciego sobre el tratamiento de la otitis externa canina, realizado en Japón y financiado por Virbac, publicado en Frontiers in Veterinary Science (DOI 10.3389/fvets.2026.1861746).

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