Una revisión publicada el 8 de septiembre de 2026 en International Journal of Molecular Sciences examina el estado de las terapias con células estromales mesenquimales en medicina veterinaria y llega a una conclusión central: estas células no deben considerarse un producto terapéutico uniforme. Firman el trabajo investigadores de varios centros del ICAR indio y del Instituto Friedrich Loeffler alemán.
Como en toda revisión, lo que se presenta no es un hallazgo primario sino una síntesis crítica de la literatura disponible, en este caso hasta agosto de 2026. Los autores indican expresamente que separaron la evidencia clínica de la preclínica y de la mecanística para no sobreinterpretar resultados experimentales como eficacia demostrada.
Por qué dos tratamientos iguales pueden no serlo
La idea que vertebra el trabajo es que el comportamiento biológico de estas células depende de cuatro factores: el tejido de origen del que se aíslan, las características del donante, las condiciones de fabricación y el microambiente del receptor. Pueden obtenerse de médula ósea, tejido adiposo, dermis, membrana sinovial, tejidos reproductivos y diversas fuentes fetales o perinatales, y esa procedencia condiciona sus propiedades.
Esto tiene una consecuencia práctica directa para quien lleva a su animal a la consulta: dos tratamientos anunciados como «terapia con células madre» pueden no ser comparables entre sí. Pueden proceder de tejidos distintos, de donantes distintos y haber sido expandidos en laboratorio con protocolos distintos. La etiqueta comercial no informa de ninguna de esas variables, y los resultados obtenidos con un producto no se trasladan automáticamente a otro.
La revisión recuerda además una cuestión de nomenclatura que no es menor. El término correcto para poblaciones heterogéneas expandidas en cultivo es célula estromal mesenquimal, no «célula madre mesenquimal», salvo que se haya demostrado capacidad de autorrenovación y diferenciación multilinaje a nivel clonal e in vivo. Los criterios mínimos de identificación propuestos por la Sociedad Internacional de Terapia Celular se formularon para células humanas y, según los autores, su aplicación a especies veterinarias es menos directa, porque la expresión de marcadores, la disponibilidad de anticuerpos y la reactividad cruzada varían entre especies.
Cómo actúan realmente
La revisión describe también un cambio en la comprensión del mecanismo. Los primeros trabajos se centraban en el anidamiento celular, el injerto y la diferenciación directa en tejido nuevo, pero las células administradas suelen mostrar una persistencia limitada y poca integración estable. La investigación actual atribuye el efecto terapéutico sobre todo a interacciones dinámicas con el organismo receptor: activación en presencia de inflamación, inmunomodulación, factores bioactivos secretados, vesículas extracelulares, intercambio metabólico y respuesta ante células apoptóticas.
Qué respaldo clínico existe
Los autores sitúan el grado de evidencia con precisión. La artrosis canina es el terreno donde hay evidencia clínica que respalda el uso de productos seleccionados; en trastornos musculoesqueléticos equinos los resultados se describen como prometedores. El resto de aplicaciones veterinarias siguen siendo preclínicas o en investigación. En cerdos, ovejas y cabras estas células se han empleado sobre todo como modelo traslacional para medicina humana, y en grandes rumiantes la investigación se ha orientado a biología reproductiva y mamaria más que a terapia.
Qué queda por confirmar
La revisión enumera los obstáculos que siguen frenando la traslación clínica: la heterogeneidad biológica, la caracterización del producto, la evaluación de la potencia, la estandarización de la fabricación y el marco regulatorio. La amplia variación entre productos y diseños de estudio complica cualquier comparación entre trabajos, también en cuanto a seguridad.
Queda pendiente, por tanto, definir ensayos de potencia que permitan predecir si un lote concreto funcionará, establecer estándares de fabricación comunes y generar ensayos clínicos comparables entre sí en las especies y patologías donde hoy solo hay evidencia preliminar. Para el propietario que valora una de estas terapias, la lectura razonable es preguntar por el origen del producto, el respaldo clínico específico para esa especie y esa patología, y desconfiar de la equivalencia implícita entre ofertas que comparten nombre comercial pero no proceso.
Fuentes: International Journal of Molecular Sciences, 8 de septiembre de 2026 — www.mdpi.com/1422-0067/27/18/7978






