Biodiversidad

Fundación Oceanogràfic y UCV operan con éxito a una tortuga marina con obstrucción intestinal

17 de septiembre de 2026

Tortuga marina atendida por la Fundación Oceanogràfic y la UCV tras una obstrucción intestinal

Una tortuga marina rescatada por la Red de Varamientos de la Comunitat Valenciana fue diagnosticada de una obstrucción intestinal y operada con éxito por equipos de la Fundación Oceanogràfic y del Hospital Veterinario de la Universidad Católica de Valencia (UCV), según la información difundida el 5 de junio de 2026. Tras la intervención, el animal regresó al centro de recuperación ARCA del Mar para continuar su rehabilitación postquirúrgica.

La cadena que empieza en la orilla: qué es una red de varamientos

Casi todos los casos clínicos de fauna marina empiezan igual: alguien encuentra un animal en la playa o lo avista desde una embarcación. Lo que ocurre a continuación depende de que exista una red de varamientos, un sistema coordinado que integra a la administración autonómica, a los centros de recuperación autorizados y a personal con formación específica para la recogida y el traslado.

El funcionamiento es sencillo en apariencia y decisivo en la práctica. El aviso se canaliza a través de los servicios de emergencias, y el rescate lo ejecuta personal preparado que sabe cómo manipular al animal sin agravar sus lesiones y cómo trasladarlo en condiciones adecuadas. Esa cadena formal marca la diferencia frente a la intervención improvisada, que con la mejor intención puede empeorar el pronóstico: devolver al agua a una tortuga enferma que no puede sumergirse, mantenerla mojada durante un transporte largo o manipularla sin sujeción adecuada son actuaciones que reducen sus posibilidades de sobrevivir.

Las redes de varamientos cumplen además una función que trasciende cada caso individual: generan una serie de datos sobre causas de varamiento, especies afectadas y distribución geográfica que constituye una de las principales fuentes de información sobre el estado de la fauna marina en el litoral.

Qué es una obstrucción intestinal en una tortuga marina

Una obstrucción digestiva impide el tránsito normal del contenido intestinal, y en una tortuga marina sus consecuencias van más allá de la propia interrupción. Los signos clínicos suelen ser inespecíficos —pérdida de apetito, apatía, deterioro de la condición corporal—, lo que dificulta el diagnóstico precoz.

Existe, no obstante, una señal característica en esta especie: la alteración de la flotabilidad. La acumulación de gas por delante del punto obstruido hace que el animal flote de forma anómala, con frecuencia inclinado hacia un lado, y pierda la capacidad de sumergirse. Ese cuadro, conocido en la práctica clínica como síndrome de flotación, tiene una consecuencia inmediata: una tortuga que no puede bucear tampoco puede alimentarse ni escapar de amenazas, y queda expuesta en superficie a colisiones con embarcaciones y a la insolación. Es habitualmente el motivo por el que estos animales acaban varando o siendo avistados.

El diagnóstico se apoya en la exploración clínica y en las pruebas de imagen —radiografía, ecografía y, cuando está disponible, tomografía computarizada—, que permiten localizar el punto obstruido y valorar el estado del tramo digestivo afectado antes de decidir si procede una intervención quirúrgica o si el cuadro puede resolverse con tratamiento médico. Entre las causas descritas en la bibliografía figuran la ingestión de residuos marinos y plásticos, los anzuelos y sedales de origen pesquero y determinadas presas de difícil digestión, aunque la información disponible no precisa cuál fue el origen en este caso concreto.

Por qué operar a una tortuga marina no es una cirugía convencional

La intervención plantea dificultades específicas que conviene explicar. La primera es anestésica: los reptiles tienen un metabolismo bajo y dependiente de la temperatura ambiente, y las tortugas marinas conservan una notable capacidad de apnea, es decir, de mantener la respiración detenida durante periodos prolongados. Eso complica tanto la inducción como el mantenimiento y la monitorización de la anestesia, y obliga a protocolos adaptados y a un control térmico estricto durante todo el procedimiento.

La segunda dificultad es anatómica. El caparazón y el plastrón forman una estructura ósea rígida que deja muy pocas vías de acceso a la cavidad celómica. El abordaje habitual se realiza a través de la fosa prefemoral, la zona blanda situada por delante de las extremidades posteriores, un espacio reducido que limita la visibilidad y la maniobrabilidad del cirujano y condiciona la técnica.

A ello se añade el postoperatorio. La cicatrización en reptiles es lenta, los tiempos de recuperación se miden en semanas o meses, y la evidencia disponible sobre dosis y pautas de fármacos es mucho menor que en especies domésticas. Que la intervención se describa como exitosa se refiere al acto quirúrgico, no al alta definitiva del animal, que depende de una evolución posterior aún en curso.

Por qué colabora un hospital universitario con un centro de fauna

El caso ilustra un modelo de trabajo cada vez más frecuente. Los centros de recuperación de fauna marina acumulan un conocimiento difícil de sustituir sobre el manejo, la nutrición y la rehabilitación de estas especies, pero no siempre disponen del equipamiento de diagnóstico por imagen ni de los quirófanos y equipos de anestesia que exige una cirugía compleja. Los hospitales veterinarios universitarios aportan precisamente esa infraestructura y equipos especializados.

La colaboración añade además un componente formativo. Los casos de fauna silvestre son escasos en la docencia veterinaria ordinaria, y su paso por un hospital universitario permite que estudiantes y residentes se enfrenten a una anatomía y a una fisiología que difícilmente encontrarán en la clínica de animales de compañía.

Qué falta para que vuelva al mar

El regreso al ARCA del Mar, el centro de recuperación de la Fundación Oceanogràfic, abre la fase más larga del proceso. Antes de plantear una suelta, el animal debe recuperar la alimentación autónoma, normalizar la flotabilidad y la capacidad de inmersión, ganar peso y condición corporal, y completar la cicatrización sin complicaciones. Solo entonces el equipo veterinario puede emitir un informe favorable.

A esos criterios clínicos se suma un requisito administrativo: las tortugas marinas son especies protegidas, y su liberación requiere la autorización de la autoridad competente en materia de fauna, que valora también el momento y el lugar más adecuados. La información difundida no confirma ninguna fecha prevista para la vuelta al mar.

Lo que queda por confirmar

La información disponible no identifica la especie de tortuga marina, un dato relevante para interpretar el caso, ni su talla, edad estimada, sexo o peso. Tampoco consta la fecha ni el punto exacto del litoral donde se produjo el varamiento o el rescate.

No se precisa la causa de la obstrucción ni qué se encontró durante la intervención, ni se detallan la técnica quirúrgica empleada, la duración del procedimiento, el protocolo anestésico ni las eventuales complicaciones. Falta igualmente información sobre el estado actual del animal, el pronóstico, el tiempo estimado de rehabilitación, si está previsto algún tipo de marcaje o seguimiento posterior a la suelta y cuándo podría producirse esta.

Radar Animal actualizará esta ficha cuando se conozca la evolución del animal o su eventual liberación.


Fuentes: Animal’s Health, información publicada el 5 de junio de 2026 — https://www.animalshealth.es/animaladas/veterinarios-operan-con-exito-tortuga-marina-rescatada-en-costa-valenciana

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