Dos tortugas bobas halladas heridas en el litoral de Mazarrón fueron rehabilitadas en el centro de recuperación de fauna El Valle y devueltas al mar en la Cala de Calnegre, en el término de Lorca. Europa Press informó de la suelta el 19 de agosto de 2026.
Dos animales. En conservación marina, esa es una cifra que importa más de lo que parece.
Una especie que llega herida por las mismas causas
La tortuga boba (Caretta caretta) es la tortuga marina más frecuente en el Mediterráneo español y figura como especie amenazada. Los ejemplares que llegan a los centros de recuperación del litoral repiten un catálogo corto de causas.
La primera son las artes de pesca: enmalles, palangre y redes a la deriva, que provocan amputaciones de aletas, anzuelos ingeridos y ahogamientos. La segunda son los residuos plásticos, que la tortuga confunde con presas —una bolsa flotando se parece mucho a una medusa— y que provocan obstrucciones digestivas. La tercera son las colisiones con embarcaciones, especialmente en verano y cerca de la costa.
Ninguna de las tres es accidental en sentido estricto. Son consecuencias previsibles de cómo usamos el mar.
Del aviso a la suelta
El circuito empieza casi siempre igual: alguien ve un animal en dificultades y llama. Bañistas, pescadores profesionales, tripulaciones de embarcaciones de recreo o efectivos de emergencias marítimas. Sin ese aviso, no hay rescate.
Después viene el centro. El Valle, en Murcia, es el centro de recuperación de fauna silvestre de referencia de la Región, y atiende tanto fauna terrestre como marina. La rehabilitación de una tortuga herida puede durar semanas o meses: extracción de anzuelos, cura de heridas, tratamiento de infecciones, control de la flotabilidad —una tortuga con gas acumulado no puede sumergirse— y recuperación de peso.
La suelta se hace en un punto de costa adecuado, con acceso directo a aguas abiertas. La Cala de Calnegre, en un tramo de litoral protegido y poco urbanizado del suroeste murciano, cumple.
Por qué dos ejemplares no son poca cosa
Las tortugas marinas tardan décadas en alcanzar la madurez sexual y tienen una mortalidad natural altísima en sus primeros años. Eso significa que un ejemplar adulto o subadulto representa una inversión biológica enorme: ha sobrevivido a todo lo demás.
En poblaciones amenazadas, devolver al mar animales de esas clases de edad tiene un peso demográfico desproporcionado respecto a su número. De ahí que los centros cuenten los casos de uno en uno.
Lo que no sabemos
La información disponible acredita el hallazgo de las dos tortugas heridas en el litoral de Mazarrón, su recuperación en El Valle y su liberación en la Cala de Calnegre. No detalla, en cambio, qué lesiones concretas presentaba cada ejemplar, cuál fue la causa exacta de cada caso, cuánto duró la rehabilitación ni el tamaño o la edad estimada de los animales.
Tampoco consta si fueron marcadas antes de la suelta. Sin marcaje o seguimiento no puede afirmarse nada sobre su evolución posterior, y no lo haremos.
Fuentes: Europa Press, información publicada el 19 de agosto de 2026 sobre la devolución al mar de dos tortugas bobas heridas tras su recuperación en el centro de fauna El Valle.






