Ciencia

El calor del verano deja huella en la sangre de las vacas lecheras, aunque no se vea a simple vista

4 de agosto de 2026

Vacas frisonas a la sombra de un cobertizo, una de ellas bebiendo de un abrevadero
Imagen ilustrativa generada con IA.

Un equipo de investigadores españoles ha analizado cómo afecta el calor estacional a la fisiología interna de las vacas lecheras, mucho antes de que ese estrés se traduzca en una caída visible de producción o en un problema de salud evidente. El estudio, publicado en la revista Animals, siguió a 114 vacas Holstein clínicamente sanas, repartidas en tres grupos de 38 animales según la estación del año.

Lo que cambia en verano, medido en sangre

En los meses de verano, con un índice temperatura-humedad medio cercano a 79,3, una medida que combina calor y humedad para estimar cuánto estrés térmico soporta un animal, el equipo detectó un desequilibrio oxidativo claro en la sangre: subieron los indicadores de estrés oxidativo y bajó la actividad de una enzima, la adenosina desaminasa, relacionada con la activación del sistema inmunitario.

Dicho de forma más directa: el organismo de las vacas muestra signos medibles de sobrecarga incluso cuando el animal parece sano por fuera, come con normalidad y no presenta ningún síntoma visible.

Sangre sí, saliva todavía no

El estudio comparó dos formas de tomar esas medidas: el análisis de sangre, que exige extracción y es más invasivo, y el de saliva, mucho más fácil y rápido de recoger en el día a día de una explotación. La saliva sería el método ideal para un control rutinario, pero los resultados no fueron consistentes: los marcadores salivales no reflejaron el mismo patrón que los de sangre de forma fiable.

Los propios autores concluyen que, por ahora, la sangre sigue siendo la referencia para vigilar estas alteraciones, y que la saliva necesita protocolos más estandarizados antes de poder sustituirla en evaluaciones de campo.

Por qué interesa detectarlo pronto

El valor de este tipo de biomarcadores no está en confirmar algo que ya se sospecha, sino en anticiparlo. Si el estrés térmico se puede detectar en sangre antes de que afecte a la producción de leche o a la salud reproductiva del animal, hay margen para actuar —sombra, ventilación, ajustes en el manejo— antes de que el daño sea evidente. Es la misma lógica que un análisis de rutina en medicina humana: detectar el desequilibrio antes del síntoma.


Fuentes: Matas-Quintanilla, M., Arana, R., Martínez-Pérez, M. M., Soler-Haro, N., Muíño Otero, R., Martínez Díez, E. N. y Gutiérrez, A. M., «Systemic Oxidative and Inflammatory Responses to Seasonal Heat Stress in Dairy Cattle: Comparison of Serum and Saliva Biomarkers», Animals, junio de 2026. DOI: 10.3390/ani16121758.

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